Seguidores... ¡Únete!

viernes, 11 de enero de 2013

¿Cultura Vs negocio o Tuchín Vs China?




Dejemos algo en claro, los chinos, desde que tengo uso de razón, falsifican todo, diseñan de todo y exportan de todo, con lo único que se quedan es con los perros, las cucarachas, las ratas y esos animales, para su alimentación, claro está. Desde que aprendí a leer no he hecho otra cosa que ver, una y otra vez, en cada artefacto, “made in China”, ¿Quién no tuvo tamagotchi “made in China”? ¿Quién no dejó morir un animal de esos chinos alguna vez? ¿Quién no tuvo algún carro, muñeca o implementos acuáticos “made in China”? ¿Quién no jugó un videojuego “made in China”? Es más, ¿Quién no vio caricaturas “made in China”? Entre otras cosas, ¿Alguien recuerda su niñez sin algún “made in China”?... ¡Difícil!

Aprendimos con una facilidad impresionante a hacernos a la idea que China era un empresario super poderoso, casi, casi, dueño del mundo, y eso que a nosotros solo nos mentaban a Estados Unidos como el papi de la humanidad. Cuando crecimos un poquito más nos enteramos que comían ratas y cosas de esas, ¿Quién no quedó en shock cuando se enteró que ellos comían perros? Y nosotros aquí creyendo que era “el mejor amigo del hombre”, pidiéndole a papi y mami que nos regalaran uno, y nosotros aquí dizque llevándolos al veterinario y comprándoles concentrado, qué tal, con razón somos tan malos negociantes si en vez de abrir un restaurante y vender “perro a la plancha” nos gastamos nuestros ahorros pagándoles tratamientos costosísimos.

Mantenemos aterrados con las prácticas culturales de ellos, hacemos ingentes esfuerzos para imaginarnos un afro con los ojos rasgados; tratamos de recrear en nuestra mente cómo serán esos barcos repletos de chinos trabajando en altamar, esos barcos que zarpan con un montón de chinos a bordo explotados laboralmente, sin contención alguna porque como trabajan en aguas internacionales, ¿quién los regula? Ahí si no hay Ministerio del Trabajo que valga, aunque en territorio Nacional tampoco vale tal institución, pero bueno, por lo menos hay un Código Laboral genial, aunque no se cumple de a mucho. En fin, hacemos de cuanta cosa para entenderlos y todavía creemos que si cavamos un hueco podemos ir a China sin VISA.

Y así, mantenemos en esas sin percatarnos siquiera que esos ojos rasgados se nos metieron al rancho, literal, pero eso nos pasa por confiados, deberíamos mirarlos con la misma desconfianza que ellos siempre nos miran (ver link). Pero no, nos engatusaron con su tamagotchi, nos mantuvieron ocupados llevando gatos, pollos, perros a estudiar, alimentándolos, poniéndolos a dormir y cuando vinimos a ver nos clonaron nuestro patrimonio nacional, ahora entiendo de dónde sacaron los deportistas olímpicos los “sombreros vueltiaos” que desfilaron en la apertura de los Olímpicos de Londres 2012, yo siempre dije que ese sombrero no lo hicieron en Tuchín, me dieron la razón.

Pero bueno, ni modo, figuró resignarse a que un extranjero se lleve un sombrero chino y lo exhiba ante sus amigos como el símbolo colombiano, ¿Qué tanto es? Nos pusieron a funcionar una “Reforma” Tributaria, nos dijeron que el TLC con la USA nos beneficia y que la incursión de las multinacionales en el Tayrona no afecta en absolutamente nada su ecosistema, ¿qué tanto es que los Chinos nos vendan nuestro propio patrimonio? ¡Ni que no estuviéramos acostumbrados!

Ahora, si vamos a pelear con los chinos yo creo que primero deberíamos mirarnos a nosotros mismos, es claro que ellos producen lo que les parezca, clonaron Apple, Microsoft, Samsumg, que no clonen a los Tuchinences. El problema no es que los chinos repliquen nuestro sombrero, el problema es que el Gobierno Colombiano no haga nada para impedir que ingresen al país y se comercialicen como si nada, pero si la idea es potencializar a nuestro país compitiendo “libremente”, ¡adelante compatriotas!, demostrémosle a Adam Smith, David Ricardo y su combo que su teoría, en este caso, no funciona. Ahora, una pregunta interesante que se le suma a todo esto es: ¿Quién o quiénes están detrás de la importación de los sombreros vueltiaos? Porque si de China alguien los manda, en Colombia alguien los recibe.

Nota destacada en http://soyperiodista.com/denuncias/nota-17932-patrimonio-vs-negocio-o-tuchin-vs-china

lunes, 24 de diciembre de 2012

Un motivo para sopesar la famosa Navidad

Me aterran los tumultos de gente, lo admito, soy casi una Grinch y para colmo de males nunca creí en Santa, creo que por eso la navidad y yo no tenemos muy buena amistad, sin embargo, cuando se trata de niños, pese a que no los soporto llorando, logro conmoverme de una manera que yo misma me extraño, ¿No es tierno? Ver un niño ilusionado, a la espera de Santa, queriendo tener una “Feliz Navidad”, pendiente de dulces y regalos, ¿Díganme si no es conmovedor? Y lo creo así porque, pese a que más de tres niños juntos son capaces de destruir el mundo, son también capaces de hacerme creer en una sonrisa, en una historia asombrosa, en sueños que para los adultos son absurdos, en imposibles y hasta en la Navidad, y eso es bastante ya.

Soy un bicho raro, lo sé, soy incapaz de profesarle amor a un ser humano y al único animal que he querido en la vida es a mi perrita, pero siempre he creído en el potencial de un niño, en sus sueños, sus proezas y su ingenio, soy incapaz de matarles una ilusión y si tengo que inventarme un mundo paralelo con tal de que ellos sigan creyendo en su mundo de fantasías, lo intento. Para mí la niñez es la etapa sagrada de la vida, no permito que le maten las ilusiones a un niño, que lo maltraten, y mucho menos, que los priven de soñar, ese es el peor de los pecados, para mí.

Admito que los miro rayado y soy traste para cargarlos, fácilmente puedo dejarlos caer o ahogarlos en una bañera si me mandan a bañarlos, pero son la razón de la vida, son esa cosa que me hace creer en un mundo mejor, en un mañana posible y que el futuro existe y no todo en el mundo está terminado, que hay un camino largo por andar y que cada paso que damos no debe ser en pro de avanzar por avanzar sino de dejar un ejemplo y procurar una niñez feliz, ¿Se imaginan un mundo lleno de adultos? ¡Qué desastre! Necesitamos ese polo a tierra que nos saque de la estupidez que caracteriza a los adultos y nos permita volar, ser libres, creer, por ello ahora defiendo slogans como “un motivo para alegrar la navidad” y cosas cursis de esas, de las que amigos míos se extrañan porque saben que esta época no es mi fuerte, es más, no gusto de Diciembre y si pudiera suprimirlo del calendario y del mundo lo haría, no lo he hecho porque, en primer lugar, pese a que no gusto de él, a mi me trae vacaciones todavía, y en segundo lugar, porque no tengo la facultad para suprimirlo, ¿Por qué más?

Alguna vez quise cambiar el mundo y mantenía frustrada, obvio, no puedo cambiar el mundo, pero alguien me dijo que no necesitaba hacerlo, que bastaba con que llegara a las personas, transmitiera un mensaje, dejara una huella, sembrara un sueño, y desde entonces lo intento y los niños son mi debilidad. El solo hecho de darles motivos para sonreír, alegrarse, esperar, el solo hecho de regalarles un rato grato y una luz al final del camino es suficiente para mí. Soy consciente de que no cambiará el mundo por ello, pero ver sonreír a un niño no tiene precio, por eso me uní a la Vaca Noel, porque es un pretexto para compartir con ellos, empaparme de toda esa energía y calidez. No hay nada que parta más el corazón que un niño te abrace y te diga “la voy a extrañar”, con esa humildad que los caracteriza, con esa sinceridad y nostalgia que irradian en sus ojos.

Y me partieron el corazón, un pedacito de él se quedó por allá, en ese inhóspito lugar donde cada tarde íbamos a hacer la famosa novena navideña, correr, asolearnos, sudar, gritar, comer dulces y reír. Pero me queda la satisfacción de haber compartido con ellos, de haberlos visto contentos cada día y de escucharlos decir: “¡Gracias por compartir con nosotros, me van a hacer falta!”, y desde entonces soy capaz de desear, desde lo más profundo y recóndito de mi ser, que tengan una feliz, feliz navidad, pese a que sigo sin creer en ella, solo creo en la felicidad. Es así como un niño, una niña, se convierten en el mejor pretexto para sopesar estas fechas navideñas.

Nota publicada en http://soyperiodista.com/entretenimiento/nota-17693-un-pretexto-sopesar-la-famosa-navidad

domingo, 25 de noviembre de 2012

“Nada está en discusión”, ¿Y entonces la paz?




Pensar en hacer la paz sin pretender hacer cambios de fondo es quizás lo más utópico que he escuchado en mi vida, ¿De qué manera se van a modificar asuntos internos si nada está en discusión? “No está en discusión el modelo económico”, “no está en discusión las bases del Estado”, “no está en discusión el modelo de desarrollo”, son algunas de las cosas que se emiten desde el Gobierno Central a la hora de referirse a  temas de los diálogos de paz. Eso es casi como decir “no está en discusión los altos niveles de corrupción, de pobreza, de violación de los Derechos Humanos”, mejor dicho, no está en discusión nada. Y la pregunta es, si estamos caminando por senderos estrechos y fracasados en antaño, ¿A dónde vamos a llegar? ¿Qué clase de diálogos se están haciendo? Mejor aún, ¿Sobre qué hablan?

Si supuestamente están en la Habana (no propiamente de vacaciones) fijando ciertas situaciones y condiciones, cumpliendo protocolos, ¿Qué acaso no hay que replantear ciertas cosas? Y al decir ciertas cosas no son cualquier cosa, estamos hablando de las condiciones de vida de un país que, bajo un modelo económico, político y social como el que tiene actualmente, ha fracasado en muchas áreas, entonces, ¿Por qué es tan descabellado discutir unos modelos que no han solucionado problemáticas tan sensibles como la pobreza o la violencia? No para crear un socialismo, un comunismo, una monarquía, ¡No! Es simplemente para replantear condiciones del mismo modelo en el que estamos inmersos.

Y si no está en discusión nada, ¿Qué hacen en la Habana? ¿De qué estarán hablando? Y eso depende, pues, posiblemente antes del 19 de Noviembre pasado hablaban de los amigos de infancia, el arroz con pollo que hacía la mamá, los regalos de navidad de las tías solteronas, los campeonatos de “boliche” que se daban en el barrio cuando eran niños, el pánico al dentista y las inyecciones, esas cosas, porque después del 19 ya hablarán de lo que pasó con la Haya, el mar que se perdió, lo lamentable que es no haber pagado un paquete a San Andrés antes y disfrutar de esa porción marítima, ahora discuten sobre la posibilidad de reunir las esferas del dragón para devolver el tiempo y así enmendar lo que sea necesario para no haber perdido, ni siquiera, Panamá. Pero bueno, en los lapsus de seriedad, cuando caen en la cuenta de que se están gastando la platica de nuestros impuestos, empiezan los reclamos. Arranca Iván Márquez a reclamar las tierras de sus tatarabuelos y las gallinitas de la tía abuela que le robó el Ejército en la época de la violencia[1] y se va lanza en ristre el Gobierno reclamándole a las FARC que ellos violan el derecho laboral al no tener afiliado a sus hombres a la seguridad social, al régimen pensional, o a una ARP, tan riesgosa que es esa actividad y ni siquiera a una ARP, ¡Tenaz!

Y así, me imagino que esas son las discusiones de fondo que mantienen porque si nada está en discusión sobre algo tienen que hablar, me imagino, por algo se llama “diálogos de paz”, ya lo otro sería mirar qué cosa entienden por paz porque a mí siempre me asalta la duda de si realmente silenciando fusiles tendremos paz, y lo digo porque, a mi modo de ver, aquí el problema no es de la entrega de fusiles, de la desmovilización de un montón de “peludos” que están en el monte empuñando un fusil, aquí la cuestión es mucho más delicada, desde la falta de oportunidades y la carencia de educación, desde las profundas inequidades y la falta de justicia, desde la corrupción.

Seamos realistas, este país necesita cambios profundos, desde tocar el mismo sistema y los utópicos discursos que contiene la Constitución, aquí el problema no es de leyes, nunca lo ha sido, aquí el problema es de realidad, de sociedad, de reconocimiento, de justicia. No podremos hablar nunca de paz en un país que tiene más de la mitad de su población en condiciones de miseria, no podremos hablar de paz cuando las multinacionales se adueñan de nuestro territorio, aquí no se podrá hablar de paz nunca mientras no haya educación, mientras la impunidad sea superior al 95%, mientras los campesinos sean desplazados de sus tierras, mientras los niños tengan que dejar la escuela e ir a trabajar, mientras las mujeres tengan que prostituirse para asegurar su sustento, mientras la tercera edad tenga que morir a la espera de un tratamiento médico, mientras una pequeñísima porción de la sociedad se lleve más del 60% de la riqueza. Aquí la sociedad civil tiene que entender que el discurso no se reduce solamente a la desmovilización y esas cosas porque la historia de este país ha demostrado que se desmovilizan por un lado y por el otro los brotes de violencia continúan, e incluso, aumentan, se degenera el conflicto en una cosa amorfa, con la gravedad de que ahora no tenemos ni idea quienes son los del otro lado y nos toca meterlos a todos bajo un nombre que en últimas nada dice: Bacrim (Bandas Criminales), aceptando, de entrada, que se nos salió de las manos la situación.

El problema de todo esto se basa en la incomprensión de nosotros mismos sobre todo el proceso que ha traído al país hasta aquí, se nos dificulta desentrañar todo el trasfondo social, político y económico que esconden décadas de guerra arropadas bajo el manto de una amenaza terrorista que se posa ante nosotros como un fenómeno no más, no como un proceso. Quizás la problemática más grande es que en este país se ha desligado la guerra de su significación histórica, por muchos asuntos, es más, nadie comprende por qué hay que sentarse a una mesa con los insurgentes en vez de eliminarlos militarmente. Pero nadie se pregunta cómo se alimentan las filas de estos grupos guerrilleros, nadie se pregunta qué hace que estén vivas, nadie se cuestiona sobre los orígenes y las causas patrióticas por las que lucharon en principio, haciendo la salvedad de la época actual, situación que se ha desdibujado a tal punto que ya nadie comprende la ideología de un grupo como las FARC, ni siquiera yo sé diferenciarlas de la delincuencia común, es un tema complejo, pero bueno, ahí vamos, tratando de darle nombre a este nacionalismo quebradizo bajo la defensa de un territorio escurridizo y disperso.

Pero huimos, en todo momento nos rehusamos a asumir nuestras responsabilidades, a darle la cara a un problema que, por simplismo, le dimos el nombre de “amenaza terrorista”. Y legitimamos nuestro rechazo a la paz cuando consentimos que se diga, en nuestro nombre, que aquí nada está en discusión, y yo me pregunto, ¿Qué clase de paz están negociando entonces? ¿A cuenta de qué entonces se supone que una organización tan antigua, recorrida y retrechera va a “integrarse a la vida civil”? ¿Qué acaso se nos olvidó el episodio de la Unión Patriótica? ¿Seremos tan cínicos como para exigirles a estos señores que se desmovilicen y punto? Guardando las proporciones, obviamente, tampoco se trata de ceder a todas las pretensiones de ellos, pero ahí sí, como la película, “alguien tiene que ceder”, y en este caso, “ambos tiene que ceder”.

On twitter: @MaJiPaBe



[1] Nuestra hipocresía es tal que después de semejante guerra civil todavía escondemos semejante episodio bajo una escueta “violencia”.

martes, 4 de septiembre de 2012

De JuanMa a Timochenko, al Rey del Twitter y a la paz


"En un mundo desencantado, el único camino que queda por recorrer es el de volverlo a seducir", José Cuesta Novoa.

Siempre me he preguntado si este asunto de los brujos, adivinos, chamanes, ¿Qué no son la misma cosa?, sirven para algo. Nunca he acudido a ellos porque les tengo recelo, cómo así que la mitad de los trabajadores informales en el centro de Medellín trabajan para esta gente, y hay que ver todo lo que prometen: recuperar el amor de su vida, componer sus finanzas, encontrar empleo, salud… En fin, con todo lo que prometen, si es verdad que lo pueden hacer, láncense a la Presidencia, ahí serían más efectivos. Pero bueno, iba a decir que no creo en esas historias, solo cuando las escucho, pero me crean la duda, a veces, cuando atinan (compréndanme, crecí escuchando las historias de finca de las brujas que se convierten en animales, que chiflan a media noche, que te convierten en sapo). Por ejemplo, para las elecciones Presidenciales de 2002 salió un señor de estos a decir que ni Sanín ni Serpa serían Presidentes después de que estos fueran los más opcionados, todos se sorprendieron, obvio, si no eran ellos… ¿Entonces quién? Esa fue la parte donde apareció quien sería “el mejor Presidente de la historia de Colombia” (vaya historia) y ganó. Al respecto, me queda la duda si ese señor que se la tiraba de brujo era paramilitar, o algo así, no porque “el mejor Presidente de la historia de nuestro país” tenga relación con esos “bandidos” sino porque como ellos todo lo saben, digo.

Pero bueno, yo iba a hablar de otra cosa. No recuerdo muy bien cuando fue pero en una de esas mágicas sesiones, donde nuestro país, ansioso por conocer su futuro y, paradójicamente, apático por su pasado, le preguntó a un señor de estos cuándo acabarían las FARC y el sujeto responde: “en el 2013 se acabarán las FARC”, eso fue antes del chisme de los Mayas, se imaginan mi confusión… ¿A quién le creo? En fin, suponiendo que a los Mayas los exterminaron y no los dejaron terminar su calendario (supongamos, es algo remoto, nada real), tendría motivos para creer que en el 2013 seguiremos vivos (aunque este mundo anda tan raro últimamente... Eso tiembla en todas partes), por ende, es factible decir que habrá actividad humana relacionada con el fin de las FARC para entonces, la pregunta es, ¿Se acabarán las FARC? Y es pertinente la pregunta después de revisar los intentos fallidos de “paz”, después de entusiasmar al país con este asunto de los diálogos y fracasar sin encontrar culpables, pero bueno, como estamos en Macondo, este país da pa’ todo, literal, tanto así que les prometen paz a costa de las FARC, vaya chiste, pero bueno, el paseo apenas está arrancando así que me lo voy a disfrutar, no empezaré a quejarme, seré una colombiana de bien, de esas que hinchan el pecho cuando escuchan el himno, de esas que abusan de las amígdalas cuando Juanes habla de “la Tierra” y se vuelan de clase para ver competir a Mariana Pajón, seré de ese tipo de colombianos en estos días, lo prometo.

Sin embargo, no por tirarme el paseo, si hacemos memoria, bueno, no se esfuercen mucho, este país ha pasado por los diálogos de los intentos fallidos y aquí seguimos derramando tinta sobre esta cosa amorfa llamada Colombia y sobre esa vaina rara llamada guerra. Y si rememoramos, ¿Cuántas oportunidades de pactar la paz con las FARC hemos tenido?, les recuerdo solo el episodio del Caguán, el de la Uribe y la Constituyente, aunque esta vez es diferente, no despejaron medio país sino que están probando la modalidad del paseo de olla a Oslo y la Habana, sin embargo, no debemos olvidar esos intentos fallidos de diálogos que en otrora fracasaron. Así, cuando revisamos qué pasó, podemos hacer el papel de los irresponsables que escriben la historia y señalan como únicos culpables a los guerrilleros, o podemos ser decentes como Laura Restrepo y reconocer que no tuvimos los pantalones para defender la paz en su momento y que, por tanto, también es culpa nuestra. Por eso, esta vez defiendo las palabras de Timochenko cuando invita al pueblo colombiano entero a defender este proceso. Esperemos que esta vez Enrique Santos no publique una colección de artículos deprimentes titulados “la guerra por la paz” donde dé cuenta de otro proceso de paz fracasado, esperemos que esta vez escriba cosas como “mi hermanito lo logró”, retando al Rey del Twitter a contestarle cosas como “su hermano es un hampón”.

Pero bueno, a JuanMa le dan igual estas palabras, a fin de cuentas él se está jugando su vida, pues, desde que pisó la alcoba principal de la Casa de Nariño supe que buscaba, no solo el lugar de la Presidencia en la historia, sino, en vez de ello, un lugar destacado en la historia, no como su predecesor que parece condenado a quedar al lado de cuanto hampón, paramiltar y delincuente con corbata hay. Desde que escogió a Chávez como su mejor amiguito supe que tramaba algo, ahora sé que es capaz de empeñarle su alma al diablo con tal de marcar la historia. Pero tranquilo JuanMa, ya usted se ganó un lugar excepcional en la historia, qué más quiere, es el primer Presidente "gago" del País y el primero que devuelve una Reforma Constitucional hecha por haraganes para haraganes.

Sin embargo, detrás de tantas flores y optimismo (obvio, yo siempre me tiro los paseos) dejemos algo en claro, las FARC pueden acabarse, bienvenidos sean, pero ¿la paz? ¿Alguien cree que alcanzaremos la paz si las FARC entregan las armas? Esa pregunta no la contesten, algún día “la urna virtual” sabrá hacer su sabia consulta (si es que ya no la hizo), entonces contesten allá, aquí no, no estoy de humor para escuchar un “sí, claro, obvio”, y tampoco creo que se acabe el hambre, la pobreza, la falta de educación ni que aumenten los niveles de vida y empleo porque se acaben las FARC, es más, ¡tendríamos más desempleados! Imáginense a todos los desmovilizados buscando empleo, bueno, mejor no se los imaginen. La cuestión es que aquí la guerra no se acaba con las FARC, mientras exista corrupción,  hambre, desigualdad extrema y uno que otro hampón de lo que está lleno el Congreso, por ejemplo, la guerra será una constante. No habrá paz mientras nuestros campesinos no vuelvan a sus tierras, mientras nuestros niños no vayan a la escuela, mientras nuestra juventud no tenga oportunidades, mientras las Multinacionales se consuman nuestros indígenas y se lleven nuestra riqueza. Ahí sí como dijo Clara López, mientras haya coca hay guerra. Pero bueno, lo destacable de todo esto es que “el mejor Presidente de la historia del país” ya no tendrá un grupo armado para señalar a los sindicalistas, a los estudiantes, a la oposición y, en general, a la gente digna y de bien que no piensa como él.

Finalmente, para decir algo que no pensé que diría, apoyo al Señor Presidente en su empresa, aunque guardo muchos recelos debajo de la almohada, pero eso dejémoslo para cuando las cosas marchen mal, por ahora no dañemos la fiesta y celebremos que, después de mucho andar, volvimos al discurso desgastado de la paz, esperemos que esta vez sí se pueda, de lo contrario habrá que escribir montones de libros, artículos académicos y columnas de opinión, es más, habrá que crear futuros semilleros de investigación que den cuenta del fracaso de este proceso de paz, aunque si se logra, habrá que dedicar más de un semillero, un libro y un artículo a descifrar el fondo del proceso para entender cómo la guerrilla más antigua de América Latina depuso las armas ante el sucesor del “mejor Presidente de la historia de Colombia”, el Rey del Twitter. Por ahora, saquemos nuestra mejor cara de optimistas, como en el pasado lo hicieron nuestros padres y abuelos, hagamos el papel de siempre, de colombianos con fe, y los invito a ello aprovechando que esta vez el circo se ve bien montado, por lo menos esta vez involucraron en el diálogo a los Militares, eso los mantendrá ocupados mirando a ver qué dicen y no hacia dónde disparan, como en antaño, además, no se dio el tropel del despeje, del cese al fuego, de leyes de amnistía, esta vez las cosas van un poco más civilizadas, por lo menos todo el Gobierno le apunta a lo mismo. Yo, en particular, las veo bien, esperemos a ver qué nos depara el destino, en estos casos la historia tiene la última palabra.

domingo, 6 de mayo de 2012

Había una vez una Cumbre...



En días previos a la celebración del hilarante suceso que tuvo lugar en Cartagena, ¿Qué es lo que era? Ah sí, dizque la VI Cumbre de las Américas, se supo que habían recogido a los indigentes, a los perros callejeros y que habían restringido la presencia de prostitutas y vendedores ambulantes en algunas zonas de la ciudad (Ver link). Mi preocupación, de entrada, fue si todo esto volvería a aparecer, a propósito, ¿Aparecieron los perritos y los indigentes? Alguien que me informe por favor, lo otro no lo pregunto porque es más que obvio, claro que aparecieron las prostitutas, ya son hasta el símbolo nacional. Ah bueno, perdón, no son prostitutas, son “damas de compañía”, como ellas se hacen llamar. En español: dícese de un tipo de prostitución más exclusivo y más costoso, pero prostitución al fin y al cabo, de todas formas yo sigo entendiendo por prostitución lo mismo que entiende la RAE: "actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero", ¿Qué eran 800 dólares?

La payasada ésta, que por cierto nos costó 62000 millones de pesos, tuvo lugar el pasado mes de Abril y buscaba, entre muchas cosas, darle un lugar al país, mostrándose al mundo a través de “magno” evento. Todo el escándalo que suscitó giró en torno al debate de las drogas, con lo que JuanMa buscaba un protagonismo inusitado y, como siempre, se quedó con los crespos hechos. Al final, como buen descendiente de Pilatos que debe ser, dijo que el debate de las drogas lo había magnificado los medios de comunicación, que en ningún momento él lo puso como tema central. Distinto hubiese sido que le prosperara su asunto, ahí sí no hubiese mentado a los medios de comunicación y se hubiese dedicado a recorrer el mundo diciendo que él, y nadie más, fue el promotor e impulsor de dicha propuesta.

Pero bueno, al parecer nada les salió bien. Por un lado quisieron esconder los gamines en la amurallada y resulta que llegaron unos más gamines que los que acostumbramos a ver, solo que éstos hablaban en inglés y prometían cosas que no iban a cumplir. Eran una especie de híbrido entre gamines y politiqueros colombianos, con la pequeña diferencia de que eran estadounidenses. Al parecer, estos señores repitieron la historia del incidente de “la tajada de sandía”, parece que se les volvió costumbre y les quedó gustando después de habernos quitado Panamá, ¿Qué consecuencias podría tener esta vez?

Lo peor que nos puede pasar es que se dispare el turismo en Cartagena, no falta, quien quita que se vuelva un paraíso para la prostitución y así salgamos de pobres, ya Dania nos enseñó que es buen negocio, por lo menos ella no le come cuentos a asuntos de tabús y complejos, aunque en mi reducida cosmovisión de casi monja me parece un poco más liberal de lo normal, pero le respeto su concepción de mundo, es su vida a fin de cuentas, ella por lo menos es inteligente, aplica la lógica inversa a nosotros: explota a los gringos y les quita el trabajo (ya Playboy le anda haciendo ojitos).

Y quién lo diría, este episodio incómodo, escandaloso y demasiado carnal, terminó convirtiéndose en el escándalo más grande del servicio secreto de los Estados Unidos y en la novela más mala de toda nuestra historia (y eso que todas nuestras novelas son malas); estoy segura que de todo esto saldrá una película de Hollywood y una novela de Colombia, no lo dudo.

Pero bueno, el debate que se supone nos debe interesar a los colombianos es ¿Qué fue todo esto? ¿Qué nos dejó? Y bastaría mirar qué rayos fue eso. Para mí, la Cumbre nos dejó con un hueco de 62000 millones de pesos más los 800 dólares de Dania, una pequeña modificación al himno Nacional y con la misma ausencia de dignidad que siempre nos ha caracterizado. Pero no todo fue malo, logramos posicionar a una colombiana más a nivel internacional, estoy segura que se hará famosa desnudándose para revistas internacionales. En conclusión, lo único interesante de la Cumbre fue el escándalo de Dania y su amante bandido.

sábado, 28 de abril de 2012

El vallenato: de un “estado del alma” a un estado financiero




Me perdonarán todas las susceptibilidades que voy a herir a continuación, pero créanme, necesito desahogarme, mi susceptibilidad también ha sido herida muchas veces cuando me toca pelear con cualquier "DJ" de turno que me quita un buen vallenao para invocar esa música diabólica, subliminal, esa llamada “nueva ola”. Me duele decirlo, pero lo diré: el vallenato hoy en día da grima. Y causa estupor escucharlo porque comienzan diciendo nada y terminan diciendo nada. Y duele de sobremanera ver cómo se convierte la música en farándula, y me duele más porque cuando uno está lejos de su tierra espera regresar a ella mediante su música, su canto, que en últimas es el reflejo de su tradición, pero ni modo, me toca mantener en primera línea esos clásicos de clásicos de clásicos, escucharlos con nostalgia una y otra vez, tratando de asimilar que mi mundo agoniza ante la “nueva ola”, sintiéndome extraña muchas veces, angustiándome creyendo que me estoy desprendiendo de mi Tierra porque ya no me entusiasma “el nuevo álbum”, “el nuevo artista”, pese a que amo el vallenato y defiendo mi folclor, pero, ¿Cómo hacer para defender lo indefendible? No se puede.

Este abigarrado género musical se ha convertido en una felonía a sus costumbres y tradiciones, llegando a ser, muchas veces, una plétora de incongruencias y cosas sin sentido. No hay nada como escuchar un vallenato viejo, con un buen acordeón, una compañía idónea y que ojalá sea un paseo o un son. Y cuando hablo de compañía idónea me refiero a un buen oído vallenato, ya que hoy día es cada vez más difícil encontrar verdaderos “yuqueros”, como se les dice en el submundo sabanero a los amantes del buen vallenato, del viejo. No falta el ser desagradable que le arruga la cara a un buen paseo, a un buen son, a una buena puya o un impecable merengue y, en cambio, se le sube la adrenalina con ese tipo de música obscena en la que se ha convertido el vallenato hoy en día.

Razón tenía mi popular tío “Ché” cuando un día se indignó al escuchar uno de estos "vallenatos", cantado por uno de esos tantos “grandes artista” del vallenato que pululan hoy en nuestro medio, uno de estos aparecidos que se llaman “nueva ola”. Recuerdo que exclamó, en medio de su indignación: “¡Bueno, ¿Será que estos carajos piensan acabar con el vallenato?!”. Y con justa razón, es un hombre nacido y criado en Riohacha, madurado en el Valle del Cacique de Upar, acostumbrado a sus parrandas con los propios Zuleta, el mismísimo Beto Zabaleta y el ya fallecido Hernando Marín. No es posible desafinarle el oído a quien está acostumbrado a la buena música. Y coincido con él, cada que escucho un “nuevo álbum” me retumban con más vehemencia esas palabras en la cabeza: ¿Lo irán a acabar verdad?

Y es triste, muy triste. Yo me atrevería a decir que ya casi no se distingue muy bien entre el contenido de un vallenato y el de un reggaetón. Tuve la oportunidad de ir en el 2008 al Festival Vallenato, y les cuento, estaban casi a la par los espectáculos de reggaetón y los de vallenato. Bueno, tal vez exagero un poco, yo creo que el reggaetón abundaba más. Que alguien me explique qué hace Don Omar en un festival Vallenato de la talla del de Valledupar, que alguien me explique qué hace Calle 13 en ese mismo festival. No es que sea discriminación, es simple clasificación, por algo se llama “Festival de la LEYENDA vallenata”, ¿Sabrá Don Omar qué diablos es el vallenato? Como dice Arjona en una canción: ¿Qué saben Fidel y Clinton del amor? Ahí sí, “al César lo que es del César”.

Y vengo haciendo esta observación hace tiempo, cuando mi oído desafinado comenzó a sentir una transformación abrupta, la cual, en un comienzo, no fue tan hostil, pero en la medida en que han transcurrido los años se ha vuelto más incómoda, ¿Ahora comprenden mis diatribas encaminadas a “la nueva ola”? Aunque me gusta una que otra canción de esta “nueva generación” del vallenato (hay algunas que se salvan por supuesto, digamos que conservan un poco más la mesura y no trascienden tanto al sensacionalismo), no soporto la banalidad en la que cayó. Ya cantan por cantar, ya no dicen nada, ya ni el acordeón inspira. Y la diferencia se nota cuando uno se da cuenta que escuchar una de estas nuevas canciones no le reporta nada al alma, y debería, pues, como dijo la compositora Rita Fernández: “el vallenato es un estado del alma”, aunque hoy día es un estado de resultados, en el sentido más financiero que se le pueda atribuir.

miércoles, 18 de abril de 2012

El himno de Rafael Núñez, Shakira y los problemas del país



Primero que todo, me confieso. No me gusta la voz de Shakira, me retumba en el oído, me fastidia. Sin embargo, confieso también, me gustan unas cuantas canciones de ella, más que  todo viejas, como muestra de ello tengo cinco canciones de ella en mi computador, tres de éstas en el celular y, aunque no las escucho con frecuencia, de vez en cuando suenan dentro de mis aparatos. Confieso también que hay dos canciones de esas cinco, en particular, que me gustan muchos más que las otras por la instrumentación que tienen, una de ellas ni siquiera es de ella y la canta con Bosé, la amo por la viola que tiene (siempre pensé que era un violín, un día alguien me decepcionó y me dijo que era una viola, pero igual me sigue encantando).

Me enteré el día del final de la Cumbre, el domingo 15 de Abril, de lo que había hecho. Mi prima tenía el computador y me hizo señas para mostrarme que a Shakira “se le había olvidado el himno de Colombia”. Abrí los ojos lo más que pude y traté de asustarme, ¡Por Dios, eso es terrible para nuestra imagen! Pensé. Me imaginé lo peor, me la pinté tarareando el coro y entregando el micrófono a mitad de la primera estrofa. Le di “play” al vídeo y comencé. Esperaba la instrumentación de fondo, la de siempre, cuando de repente la vi ahí en frente, micrófono en mano y comience a capela: “Oh gloria inmarcesible…”. Como les dije al principio, me retumba su voz, y esta no fue la excepción. Arrugué la cara y seguí viendo, estaba esperando el momento que les dije, cuando entregaba el micrófono o cuando quedara muda, que era lo que yo creía que iba a pasar.

Pero nada, cantó el coro, la primera estrofa y volvió por el coro. Escuché el tal “de ublime”, pero pasé derecho, no pensé que ese fuera el error que tenía al país al borde de la vergüenza mundial. Y se acabó el vídeo. Arrugué la cara de nuevo y reanudé el vídeo, no podía creer que el escándalo se tratara solo del “ublime”, que entre otras cosas para mí no es tan claro después de ver un vídeo (ver vídeo) donde, da la impresión, según otra toma, que lo que hizo fue demasiado énfasis en la última letra de la palabra libertad, es decir, la “d”, y pasó enseguida a sublime. Es decir, quiso ponerle estilo a la cosa y fue confuso. Como sea, igual si se equivocó o no a mí me tiene sin cuidado. Me interesan otros asuntos ahora, por ejemplo, ¿Aparecieron los escondidos de Cartagena? ¿Qué pasa con el asunto del fuero Militar en el Senado? ¿Qué pasa con el asunto del TLC? ¿Estamos listos? ¿Qué va a pasar con los resultados del reciente informe sobre los asuntos humanitarios en Colombia? Y lo peor de todo, ¿En qué quedó lo de la Cumbre? Sí, esa vulgar payasada. ¿Alguien ha tenido tiempo para hacer un balance? ¿Qué se logró? ¿Qué se hizo? Pero no creo, andan super ocupados buscando al tal “Ublime” que ni se dan cuenta que el país se anda hundiendo de nuevo, y no solo de agua.

Evidentemente se enredó, ¿A quién no le ha pasado que está diciendo algo y de repente un rayón le aturde la cabeza y comienza a divagar? ¿A quién no le ha pasado que, de repente, la mente le queda en blanco? Aunque no creo que haya sido su caso, sin embargo, ¿No se pudo haber enredado? Y si se le olvidó, ¿Qué si no se lo sabe? ¿Será que alguien se sabe las 11 estrofas del himno? O peor aún, ¿Será que todos saben que tiene 11 estrofas? Es más, ¿A quién le importa en últimas si Shakira se sabe o no el himno? Por lo menos agradezcan que se vistió decentemente y que su discurso estuvo encaminado a recalcar, una vez más, que la apuesta más feroz que debemos hacer es la de la educación.

¿Y qué si denigra de su país? ¿Y qué si se fue? ¿Y qué si no vuelve? Por lo menos no renunció a la ciudadanía como lo hizo Fernando Vallejo, ¿Y por eso tenemos que odiarla? A mí no me parece. Igual para mí ella es, casi, casi, un cero a la izquierda. Y así no lo fuera, ¿Qué daño le hizo al país por haber dicho una parte del himno mal? A ver, ¿Aumentó nuestra deuda externa por eso? ¿Aumentó la inflación? ¿Aumentó la pobreza? ¿Nos declararon la guerra? No creo, me parece que es irrelevante, y como tal, así debemos tratarlo. Sería más alentador si el contexto fuera distinto, sobre todo porque profanaron el himno en la ciudad natal de quien fuera su inspirador, pero bueno, por suerte Núñez se murió hace un montón de años y todavía estamos tratando de mejorar los problemas que, entre él y sus antecesores, nos dejaron. Además, ¿Qué cosa representa nuestro himno ahora mismo? Muy lindo, pero nos queda grande: La gloria se marchitó, la flor nunca encontró seguridad, el bien nunca germinó, la horrible noche no ha cesado, entre otras cosas, la libertad jamás se sublimó, así que ni significado tiene, es irrelevante un "ublime", "sublime", o como sea.

De todas formas, si se lo sabe o no, no importa; si lo vuelve a cantar en su vida, cosa que dudo mucho, da igual. Seguramente si hubiese estado en la entrega de Grammy y le tocara cantar el himno de Colombia (cosa extremadamente improbable), lo hubiera hecho bien. Pero bueno, repito, da igual. Los invito a que dejen de andar buscando al tal “Ublime” ese y vuelvan al mundo real, dejen el sensacionalismo, exíjanle más a sus envilecidos “medios de comunicación” y arranquen una búsqueda real, una búsqueda productiva. En resumidas cuentas, como dijo Jaime Garzón: "Este país se escandaliza porque uno dice hijueputa en televisión, pero no se escandaliza cuando hay niños limpiando vidrios... ¡Eso es folclor!".

viernes, 13 de abril de 2012

País real, país formal… País de papel




Y Dios dijo: “No solo de pan vivirá el hombre”, pero al parecer sí de apariencias, eso nos queda claro cuando, sin vergüenza alguna, las autoridades locales de Cartagena, patrocinadas por el Gobierno Nacional, reconocen haber “escondido”, según ellos, a los habitantes de la calle (indigentes que llamamos), a los perros callejeros, a las prostitutas y sabrá Dios qué más. Pues claro, es entendible, es incómodo salir a decir ante el mundo que la pobreza ha disminuido sustancialmente, que el país está progresando, que ya casi salimos del subdesarrollo y, de repente, aparezca de infiltrado uno que otro perro callejero, una que otra prostituta, uno que otro indigente, robando cámara, como (estoy segura) se puede ver en la obscenidad de noticias que transmiten a diario.

Y ya que andamos tan aparentadores, propongo que escondan a la gallada política Cartagenera, no sea que se le pierda la ropita a Obama o los zapaticos a Piñera, si vamos a aparentar con verraquera que no tenemos miseria, demostremos con altura que aquí no hay corrupción, pongamos la cara y aparentemos que somos el mejor país del mundo. Pero eso sí, empecemos por esconder al Vicepresidente, no vaya a ser que lo confundan con un vendedor de cerveza, de esos que andan con la cava a cuesta por toda la playa. Y mucho ojo con José Obdulio, él es una persona que de vez en cuando divaga, escóndanlo también. Por suerte tenemos tras las rejas a los Nule, qué pena, qué tal que se les hubiera dado por aparecerse en Cartagena y se perdiera el avión de algún Presidente, como últimamente se andan perdiendo aviones en el país.

Me preocupa un poco que el expresidente ande suelto, pero me tranquiliza el hecho de que debe andar convaleciente, después de su caída del caballo supongo que no tendrá ánimos para aparecerse por allá. Además, él se siente mejor resguardado tras su twitter, hay que estar pendiente de los trinos, ya debe tener un montón entre ceja y ceja. También debe andar ocupado con las recientes acusaciones hechas por Iván Cepeda. En fin, él no es el que me preocupa.


Me intranquiliza, más que los que andan sueltos, a los que escondieron… ¿Dónde los metieron? Esa es una gran pregunta. Yo solo espero que de todo esto no salga un escándalo, qué pereza un chisme más. Solo espero que los perros aparezcan de nuevo, que a los indigentes los pongan en su lugar y las prostitutas vuelvan a su trabajo habitual. No sea que de aquí a un mes Cartagena resulte una ciudad sin indigencia, o que con este antecedente se les ocurran ideas encaminadas a “limpiar la ciudad”, y no de la mejor manera, mediante políticas sociales. Espero que esto no termine en un espectáculo más de esos que sabe protagonizar nuestro Presidente, sobre falsos positivos, aunque estos tendrían que llevar otros nombres, más bonitos por supuesto.

Pero hay algo que no entiendo, no sé, tal vez sea el sueño, la indignación o el hambre… Lo que yo no entiendo aún es, si piensan tanto en las apariencias, ¿Por qué una Cumbre en una de las ciudades que acumula más pobreza en el país? Ah, esperen y adivino… Tiene unos paisajes DI-VI-NOS. Esa muralla, ese Centro histórico, esos gusanitos, esas carrozas… Ese romanticismo tan reforzado y ese aire de ciudad deseada hay que mostrarlo. Además, esas fotos tan chéveres en el Castillo de San Felipe hay que aprovecharlas. ¡Pero escondamos la maleza! Qué tal, qué pena que de pronto a Obama se le dé por caminar y se encuentre a las negritas de las trenzas, o a los que le embuten almejas a todo el que pisa Cartagena. Qué pena que vayan por la calle y de repente salga una niña ofreciéndose baratísimo, no, qué pena. ¿Se los imaginan intoxicados a todos? ¡No! Mejor no se los imaginen, tendríamos que soportar después un mes de la misma noticia.

A propósito de un mes de la misma noticia, supongo que esos noticieros televisados deben andar en un furor, si anda la prensa escrita en eso, ¿Qué se le deja a los vulgares noticieros televisados? Si es como cuando vino Bush, que dijeron hasta lo que había desayunado, lo que merendó y la dieta que mantenía, no me imagino cómo será ahora. Menos mal que el del cáncer no es Obama, ¿Se imaginan describiendo minuciosamente cada pastilla que se toma? Menos mal, ojalá se mantenga sano, por lo menos mientras esté en la Presidencia.

De más que en estos días no va a pasar absolutamente nada en el país, nada que no esté relacionado con la cumbre. A fin de cuentas, deben tener a media policía allá metida, medio Ejército, medio ESMAD, eso sin contar que todos los medios de comunicación andan allá. Al parecer en estos días estamos en plena libertad para matar, robar, portarnos mal; a fin de cuentas podemos estar seguros que no saldremos en las noticias, ni habrá quién se dé cuenta, así quememos el Palacio de Nariño, pues, hay cosas más importantes que transmitir como qué desayunó Obama, qué traje se puso Piñera, qué correa utilizó Santos, o ese tipo de asuntos importantísimos para la humanidad, indispensables para erradicar el hambre de la faz de la Tierra y cerrar un poco las brechas de desigualdades. Ah, y ni qué decir de la farándula semi-criolla y semi-internacional, ¿Se los imaginan ahora aprovechando para preguntarle a Shakira sobre su relación con Piqué? Oh por Dios, pensándolo bien, esto va a ser peor de lo que parece.

Qué pesar, compadezco a mis compatriotas cartageneros, y a todos sus habitantes. Yo más o menos sé lo que es ese calvario, yo tengo una vaga idea de lo que es hacer ese ridículo. Imagínense las ridiculeces en Medellín cuando los juego Olímpicos. Eso mejor dicho, transformaron la ciudad por completo. Pusieron red inalámbrica de internet en toda la ciudad 24/7, la quitaron apenas se acabaron los olímpicos, ¡Por supuesto! Se colocaron en la tarea de exigir el cabal cumplimiento de las normas de salubridad en los establecimientos de comercio… de comidas, salones de belleza, esas cosas. Después que se marcharon ya no volvió a importar, siguieron siendo los mismos restaurantes mugres de siempre, los mismos salones desgarbados de costumbre, ¡Obvio! Además, no contentos con eso, dejaron los alumbrados NAVIDEÑOS de ciertas calles de la ciudad y, en pleno Marzo-Abril, los encendieron… El éxito empezó a colocar, en vez de su logo célebre: EXITO, palabras cursis como: Amor! y ese tipo de cosas. ¡Fue horrible! No se lo imaginan. Pero bueno, menos mal que esta vez le tocó a Cartagena, no me imagino que estuvieran encendiendo los alumbrados ahora mismo, yo terminé hastiada de ellos, fui como 20 veces, y eso que estuvieron malos.


Pero es normal que uno quiera que las cosas se vean agradables ¡Y eso está muy bien!, pero, ¿Qué tal si dejamos la hipocresía y en vez de aparentar tanto nos habituamos a que la realidad sea así? ¿Qué tal si nos preocupamos porque de verdad no haya indigencia en vez de esconderlos? ¿Qué tal? Ojalá le pusieran el mismo empeño a la resolución de las problemáticas REALES del país como se lo ponen cada que tienen invitados, porque estamos hartos de que quieran arreglar el país a punta de cifras, estadísticas y papel. Y lo más triste, en este país hacemos las leyes, sin importar lo que nos llevemos por delante, para obedecer a intereses ajenos... Estamos hartos de que lleguen solo a sentarse y subirse los sueldos, estamos mamados de esta clase política advenediza, mezquina y vetusta. ¡Nos hartamos! ¿Qué futuro nos espera si la historia de Colombia siempre ha sido la misma repetición? Parece que andáramos en círculos, partimos hacia el futuro y volvemos al mismo estanco. Nos va a tocar gritar, como los niños de México: ¡"Si ese es el futuro que me espera, no lo quiero!".

En fin, solo espero que no se les ocurra hacer Cumbre en Medellín algún día porque no le dan abasto los albergues para esconder tanto indigente, tanta prostituta, tanto perro callejero. Ahí sí les toca gastarse el presupuesto del año en albergues, ¿se imaginan?… habría que esconder a los hinchas del Nacional, del Medellín, a los estudiantes de la Nacional, de la de Antioquia, en fin, a toda esa gente que no se sabe comportar. Además, ¿Dónde van a meter la arepa paisa que ha de dejar tan mal parado al país en asuntos de culinaria? Por otro lado, yo tampoco me pienso esconder, así que, ni se les ocurra inventar cumbre por acá.

sábado, 3 de marzo de 2012

Y el Bienestar Familiar no se metió, y mis hermanos y yo crecimos, y aparentemente no tenemos ningún trauma

A propósito del obsceno caso de la detención de unos padres en España por castigar a su hija de 16 años: http://www.semana.com/mundo/detienen-pareja-espana-prohibirle-su-hija-16-anos-salir-casa/173079-3.aspx

Nunca supe lo que fue un castigo en asunto de calle, o más patético aún, que me prohibieran ver televisión, existen castigos así, uno no se imagina, hasta absurdos pueden parecer, pero existen. Correa sí llevé, y mucha, chancleta también, y una que otra mirada fea, no más. Ah bueno, los gritos que siempre han sido una constante en la vida de mi papá y los arañazos y tirada de tacones que siempre fue un vicio inter hermanos. De resto, mi mamá siempre ha sido muy decente y solo recurrió a la “vara”, por aquel pasaje de la biblia: “corrige a tu hijo con vara”.
Yo soy más o menos libre desde que tengo uso de razón, desde los cuatro años ando en la calle de mi cuenta, atracando las chazas de dulce con mi hermano mayor y un primo, burlando la seguridad de mi abuela, jugando a guardianes de la bahía en la orilla del mar, esos eran mis pasatiempos a los cuatro, cinco años de edad. Y lo fueron como hasta los diez años más o menos, pues, mis compañeros de andanza entraron en esa etapa difícil de la pubertad donde ya no gustan de nadie, ni le hablan a nadie, además, cuando uno entra al bachillerato, no sé por qué, pero se cree un adulto en pleno.
Yo creo que mi mamá mantuvo deprimida porque pensó que sus hijos se dedicarían al sicariato o esas cosas, pues, que a los cinco años sus hijos anden en esas debe ser desconsolador, aunque pensándolo bien creo que ella jamás lo supo del todo porque eso transcurría mientras mi abuela “nos cuidaba”. Por supuesto, nos aprovechábamos de que no veía muy bien y mi abuelo no escuchaba nada y nos volábamos. Es que eso de que le fallen los sentidos a uno es muy jodido, pero bueno, gracias a ello tuve niñez, de no ser así hubiéramos muerto intoxicados comiéndonos el hielo que raspábamos del congelador de esas neveras viejísimas, o tal vez hubiésemos matado por fin el cactus del patio de mi abuela, pues, siempre recurríamos a echarle límipido, petróleo, baygon, de todo, con tal que se muriera para que no nos estorbara cuando jugábamos, pues, siempre terminábamos rasguñados. Pero no lo conseguimos, comprobamos la inmortalidad de los cactus, o por lo menos de ese cactus. A eso nos dedicábamos cuando definitivamente había mucha seguridad en la casa y no podíamos salir.
¿Y adivinen qué? Siempre nos daban duro por esa “mala costumbre” de irnos para la calle… ¿Y adivinen qué? Al día siguiente, como si nada, lo volvíamos a hacer. Eso hacía parte de nuestra naturaleza, era impensable encerrarnos. Pueden calcular más o menos cuantos correazos nos ganamos en la vida. No, mejor no los calculen, dejen así. Y sin embargo, a pesar de todo, jamás me dijeron “no sale por X días a la calle”. Cuando veían que la correa no siempre era un buen método nos daban un discurso de que los niños no debían andar en la calle solos, pero como uno a los cinco años no se cree niño, ya es todo un ser sumamente grande y responsable, capaz de enfrentar la vida, no nos inmutábamos. Por lo general, uno suele creerse niño cuando de verdad ya LE TOCA ser adulto. Pero bueno, queda el consuelo del cuento “del niño que llevamos dentro”.
Pero lo hacíamos porque los niños son así, espontáneos, traviesos, inquietos, precisamente por eso necesitan mano dura. Cuando la autoridad estaba ahí no se nos pasaba por la cabeza enfrentarla, eran la autoridad, nada que hacer. Todavía hoy, con los años que tengo, mis papás son una autoridad, aunque les discuto, obviamente, pero eso son. Si dicen que no, rotundamente no, es NO. Ni se me pasa por la cabeza acusarlos ante nadie, y eso que soy mayor de edad. Por algo muy sencillo: son mis padres, me mantienen, y de verdad buscan lo mejor para mis hermanos y yo. Y ahora, a pesar de todo, creo que hicieron un gran trabajo.
Y es que nos daban correa porque sí… si hacíamos mucha bulla en hora de siesta, no faltaba el mal día de mi papá. Si nos agarrábamos a los golpes, mi mamá nos separaba a punta de “vara”. Si no hacíamos caso simplemente nos miraban feo, no más. De resto contamos con la desgracia de una señora de muchos años que trabajó en la casa, la que nos cuidaba, y cada que hacíamos algo malo nos arrodillaba horas y horas frente a ella en la cocina, no nos podíamos mover hasta que a ella le diera la gana. Ese fue el peor castigo que recibí en la vida, imagínense, tanto por hacer y una dizque arrodillada viéndola hacer la comida, ¡Qué emoción! Algunas veces nos encontró así mi mamá, pero hasta a ella la regañaba la señora Nelsy porque la desautorizaba. Con el tiempo hasta mi mamá le obedecía, y esa era la parte donde preferíamos la correa, la chancleta, la “vara”.
En esos momentos, estando arrodillados, era cuando nos acordábamos que había que hacer tareas, y ya no teníamos más excusa porque uno a esa edad no es que tenga deberes. De repente escuchábamos los gritos de los niños en la calle corriendo y jugando y nos entraba el desespero, pero no podíamos hacer nada, solo poner cara triste, de arrepentimiento profundo, pero eso no la conmovía, ella no creía en esas caritas inocentes. La felicidad más grande era cuando nos decían “se pueden ir”. Y esa era la parte donde nos agarrábamos otra vez, esta vez echándonos la culpa de quién había iniciado la pelea que no nos dejaron terminar y por culpa de quién terminamos arrodillados. Esa es la parte donde nos volvían a arrodillar y otra vez a poner carita.
Pero bueno, esas son cosas del pasado, si el Bienestar Familiar se hubiese enterado quizás le hubiesen abierto un proceso a mis papis, por “maltrato infantil”, y ni qué decir de la señora Nelsy, una señora de bastantes años, endurecida por los vejámenes de la vida, con muchos hijos criados, lo que la hacía casi que una mamá para nosotros, y en realidad eso fue. Qué tiempos aquellos, no había reggaetón, la ropa de niños era ropa de niños. No las mini faldas que le ponen a las niñas de tres años hoy en día.
Y es que esos niños de ahora nacen con cierta disfuncionalidad en su comportamiento, es como si le estuvieran echando algo a la comida y las madres se lo transmitieran durante el embarazo. Uno no se explica. Y lo digo porque mi hermanito, el bebé de la casa, alguna vez amenazó a mi papá con el Bienestar Familiar, solo porque, como a las 11 de la noche, teniendo más o menos unos nueve años de edad, mi papá lo trajo jalado de las orejas de la calle, pues, era día de semana, hora de dormir y el bebé, que llevaban como dos horas llamándolo para que entrara, ni se inmutaba. Pero fue muy cómico. Mi hermano mayor, mi mamá y yo solo nos reíamos, hasta mi papá. Es que a ese si le han alcahueteado todo, si le dieron tres correazos en toda su vida fue mucho, a mi papá le daba pesar pegarle dizque porque el todo chiquito, todo “tierno”, qué le iba a pegar. Lo que sí compartió con nosotros fueron las arrodilladas.
Sin embargo, el tuvo la mala suerte de que yo, a los seis años, me creía mamá. A falta del fuete de papi y mami siempre aparece un tercero que quiere suplantar. Y me tomé el trabajo de castigarlo, de obligarlo a que se vistiera como yo quería, de darle con la correa cuando se portaba mal. Pero también le daba dinero, es decir, toda una mamá. Cada que salía le traía juguetes, dulces, hasta ropa. Y mantenía delirio de que le fuera a pasar algo, si se me perdía un segundo y no lo encontraba ya me imaginaba lo peor, es que era un niño indefenso, la sobreprotección también venía de mi parte. Y entonces lo eduqué a lo yo. Lo ponía a escuchar la música que a mí me gustaba, que se motilara como a mí me gustaba, que se vistiera como a mí me gustaba, hasta que se me rebeló.
Y lo hizo apoyado por papi y mami, pues, según ellos yo era “muy dura” con el niño. Y lo comprobaron un día que se me fue la mano, lo corté con una correa de plástico que yo tenía. Qué ternura, se imaginan que a uno lo corrijan pegándole con una correa de niña, de esas transparente con florecitas y pendejadas de esas. Era tierno, admítanlo. Desde entonces ese niño se volvió inmanejable. Ni a mí ni a mis papás le hacía caso. Pero quién se atreve a tocarlo, qué miedo, con el Bienestar encima. Pero quedaba una salida, castigarlo de otra forma, aunque eso jamás ocurriría, mis papás jamás nos han cortado las alas cuando de calle se trata. Pero, si algún día se les hubiese ocurrido esta medida, es posible que tampoco la pudieran usar.
Y es que uno suele hacer caso por algún respeto y algún temor que guarda frente a alguna autoridad. Y ahora resulta que los papás se convirtieron no más en fuente de aprovisionamiento y ya. No pueden llamar la atención porque están coartando el “libre desarrollo de la personalidad”, no pueden pegar (aunque hay unos que se pasan, lo admito. A mí siempre me dieron correa y papi y mami siempre fueron conscientes de que fuera en las piernas, ese cuento de que le lanzan la hebilla en la cara no, ya eso no es corrección, es brutalidad) porque es maltrato, y ahora resulta que no pueden castigarlos con encerrarlos porque incurren en “detención ilegal”. Es decir, si quieren castigar a un hijo ahora habrá que ir ante un juez a pedirle permiso, y seguramente se negará.
Ahora resulta que cualquier cosa es materia del derecho penal, y resulta que, la autoridad espontánea que representa la figura de los padres pasó a ser historia, ellos solo están en la obligación de dar alimento, ropa, educación, cuidado, bla, bla, bla. Y a la hora de corregir, NO SE PUEDE. A mí personalmente este cuento de tanta libertad me parece obsceno. Estamos cayendo como en ese punto irracional del extremismo. Está bien que se garanticen libertades y el bienestar de todos, ¿Pero que judicialicen a unos padres por castigar a su hija de escasos 16 años? Por Dios, ahora si es verdad que estamos convirtiendo la racionalidad en irracionalidad.
De ahora en adelante, cada que los papás, que en teoría buscan el bien de sus hijos, castiguen a sus hijos porque consideran que las amistades con las que andan no son las adecuadas, porque consideran que las actividades que están realizando no son sanas y pueden llevarlo a algo peor, porque no está correspondiendo el comportamiento con la formación que le dan, pueden incurrir en algún delito. Y a mí me surge una gran pregunta, ¿Y entonces cómo vamos a educar? Garanticemos la libertad plena entonces de todos esos mocosos de ahora y el día que ellos digan que no quieren volver al colegio, pues que no vayan más nunca, el día que ellos sientan que se quieren independizar a los cinco años pues dejémoslo. El día que ellos consideren conveniente que se pueden emborrachar a los diez que lo hagan. Cuando resulten con novio a los ocho años pues qué carajo, que lo hagan.
Pero eso sí, luego, cuando resulten con barriga a los quince, alcohólicos a los catorce, ladrones a los trece, sicarios a los doce, analfabetos a los 16, IRRESPONSABLES CONSUMADOS a los 18, no empiecen a modificar el código del menor, no vengan con cuentos de que están preocupados porque los índices de cualquier cosa se dispararon y son alarmantes. Si no hay autoridad no pretendan que exista una formación, no se puede. ¿De cuándo a acá un niño sabe qué es lo que más le conviene? Y lo peligroso de este asunto es el cuento de una combinación extremadamente explosiva: la libertad y la ignorancia. Y ahora con el cuento de que las niñas a los nueve años se creen “sexys”, y los niños a los doce se creen “galanes”; se saben todos los reggaetones que salen y “perrean” a la par de ellos. Ya eso de las rondas infantiles, de jugar con carritos y con muñecas, de las fiestas infantiles es cosa del pasado. Y lo paradójico es que, justamente ahora cuando ya este mundo no sirve para absolutamente nada, cuando las niñas son las que se le lanzan a los niños y se meten en el papel de la bandida de la novela, cuando los niños se creen reggeatoneros y se meten en el papel del charlatán de la película, cuando de verdad no hay inocencia y el medio es agreste, ahora cuando en serio necesitan mano dura, resulta que no se puede, no se puede porque se traumatizan. Yo creo que los traumatizados ahora son los padres, no me cabe en la cabeza todo este aparataje absurdo en el que estamos inmersos.

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Perdón? En mi nombre ¡NO!, señor Presidente

Hace algunos días vimos la tierna imagen de nuestro Presidente pidiendo perdón, ¿hay algo más tierno que eso? Vi el alboroto y no me detuve, pensé simplemente apoyar al gobierno, pues, ¿hace cuánto no nos pedían perdón sincero por todas las barbaridades que nos ha tocado soportar? Ni me detuve a ver qué era, pues, no les alcanza esta vida ni la otra para pedir perdón por todo lo que han hecho, además, nuestro señor Presidente tiene muchas cosas por las que pedir perdón, que empiece por los “falsos positivos”, que siga por la hilarante declaración que hizo cuando fue Ministro de Hacienda de Pastrana, con respecto al salario mínimo del momento, irrisorios 309,000 pesos en 2002: "no entiendo por qué la gente se queja tanto si alcanzan perfectamente", hasta para ahorrar quedaba, según sus cuentas; que continúe con el engaño que les hizo a los Uribistas, el de comprometerse a cuidar los "tres huevitos", y así, que prosiga con la interminable lista que existe.

Y es que yo, que solía comportarme como un ser resentido, ahora estoy segura que debemos perdonar, sí, lo he aprendido en múltiples espacios. Desde la moral cristiana, pasando por la ley del perdón de Amartya Sen, hasta llegar a la paz interior que da el hecho de liberarse de todos esos odios guardados. Hay que perdonar, hay que perdonar… no sé si “setenta veces siete”, pero hay que hacerlo, así sea por simple tranquilidad. Como sea.


En fin. Con respecto a esta sutil muestra de arrepentimiento, algunos despotricaron, indignados, ante tal atentado contra la llamada dignidad. Pero… ¿cuál es el alboroto? Casualmente, entré en ese momento a una conferencia sobre la constitución del 91 y escuché, por un lado “Santos pidió perdón”, por otro “Palacio de Justicia”, seguidamente, “Militares”, por otro lado “Belisario Betancur”. Había muchos cabos sueltos, pero posibles de atar. Analicé rápidamente la circunstancia… ¡Claro! Junté las partes y pensé… Santos pidió perdón en nombre del Gobierno de Belisario Betancur y los Militares por lo del Palacio de Justicia. Ya está, ¿Cuál es el escándalo?


Sin embargo, a medida que los minutos pasaban y cambiaban de temas yo seguía dándole vueltas al asunto… “Belisario” + “Palacio de Justicia” + “Militares” + “perdón”. No ha de ser tan simple, si así fuera, ¿Cuál es el escándalo? En ese momento me resigné, estaba muy bueno el foro. Cuando salga miraré, pensé, y así fue. Me dispuse a indagar el episodio y encuentro semejante barbaridad… Resulta que yo, por ser colombiana, le acababa de pedir perdón a los Militares y a Belisario Betancur por la retoma del Palacio de Justicia, por el acto heroico en defensa de la democracia que protagonizaron en conjunto el 6 y 7 de Noviembre de 1985.


¡Qué barbaridad! ¿Cuándo rayos me pinté yo en este plan? Sentí una profunda vergüenza por mí, me deprimí, me ofusqué, me petrifiqué. ¿Cómo así que el Señor Presidente habló por mí? A mí nadie me consultó, yo no estoy de acuerdo. Mi angustia crecía con el transcurrir de los minutos, empecé a comerme las uñas. Pensé esconderme, no salir más nunca, dejar de decir que soy colombiana, empecé a ensayar otros acentos, me propuse firmemente aprender otro idioma y todo, a fin de cuentas, no solo iba a necesitar un papel, necesitaba toda una identidad.


Pero fracasé, lo confieso, no me gusta el mandarín, del italiano me gustan los italianos, del francés la Torre Eiffel, del inglés me gusta el Big Ben London y Shakespeare, del alemán Günter Grass, del irlandés Cecilia Ahern y James Joyce, del portugués Cristiano Ronaldo… Y así. Además, de Argentina me gustan los argentinos, de Chile Pablo Neruda y Gabriela Mistral, de México Octavio Paz, de Perú Machu Picchu, y así… Fracasé, no encontré albergue completo, pues, de mi país me encanta mi vallenato, Gabo, mi yuca con suero, mi sombrero vueltiao, mi gente, mi Tierra, además, me gustan los hombres sabaneros, los santandereanos y los caleños… En fin. Como verán, no encontré asidero en el mundo, figuró ser colombiana.


Entonces comprendí que como no podía huir tampoco podía esconderme, por lo menos no para siempre. Recordé entonces que los colombianos tenemos una memoria poderosamente cortoplacista… es cuestión de unos días, ya se les olvidará, me tranquilicé. Aborté el pánico y seguí leyendo, quería ver si debía preocuparme por haber dicho alguna otra cosa. Pero no, nuestro Señor Presidente no dijo mayores cosas de más, solo Plazas Vega, ese señor que tanto dolor de cabeza nos ha dado.

"Yo no estoy pidiendo perdón ni lo voy a aceptar. Estoy pidiendo justicia, que es diferente"… Con esta frase me encontré y ahora sí no aguanté más, rompí en llanto. ¿Que pide justicia? A ver, definamos justicia: Dícese, según Plazas Vega, de la impunidad. Y es que eso es justicia en el país, se ha vuelto recurrente esa definición últimamente. Supongo que se tomó muy a pecho el perdón que le pedimos señor Alfonso, ¿quiere que le ratifiquemos nuestro arrepentimiento por señalarlo? Pues respóndanos por los sucesos del Palacio, respóndanos por las muertes y torturas suministradas por el Ejército en ese episodio, respóndanos por el incendio del Palacio, respóndanos. Después de lo ocurrido, ¿todavía cree que de verdad estaba defendiendo la democracia? Y definamos democracia, dícese, según Plazas Vega, la combinación de todas las formas de lucha. Y si no quiere pedir perdón, por lo menos no pida su absolución invocando “justicia”, no tergiverse las cosas, no lo haga.

Quizás los perdonemos algún día por grotescas actuaciones, quizás, ¿Pero por el cinismo? No sé, quizás. Es hora de empezar a enfrentar las situaciones, es hora de poner la cara y, si por orgullo no pide perdón, al menos por vergüenza no pida “justicia”. Y no es que esté defendiendo el acto bandálico del M-19, simplemente destaco que no tenían por qué rebajarse al nivel de ellos, mucho menos desaparecer tanta gente inocente. Yo por mi parte, en mi nombre, y de los que quieran adherirse, le pido perdón a todas las víctimas del Palacio de Justicia, lamento profundamente este suceso, es triste. Invito a que nos perdonen y perdonen a nuestro Presidente, a este señor, Plazas Vega, perdónenlo, por favor, “no sabe lo que hace”. Es hora de acatar los fallos de las competencias judiciales nuestras.

jueves, 26 de enero de 2012

Partido de la U: Una religión politeísta

De esas imágenes tiernas... ¿Qué pasó con el "Unidos, ¡Como debe ser!"?


En vez de preocuparse por defender los valores, invocar reformas políticas y sociales y defender a capa y espada el desarrollo de un agonizante país, los religiosos miembros de la secta del llamado “Partido de la U” ya no duermen pensando en sus dioses, más bien, en la pelea cazada entre ellos.  Es que eso de servir a dos dioses distintos ha de ser jodido, sobre todo cuando el carácter es tan disímil y cada quien busca hacer de su templo una finca distinta.

Lo más complicado de esta diferenciación es la confusión que genera el hecho de que alguna vez fueran del mismo bando. Eso de haber compartido gallinero, de haber sido coautores de la gallinita de los tres huevitos no es fácil. Yo lo entiendo señor Uribe, no crea que no. Es que eso de haber compartido enemigo y ahora tener que aguantarse que su peor enemigo sea el mejor amiguito de su antiguo amigo ha de ser duro. Como diría un intento de comediante malo, muy malo, perverso: “el que lo entendió lo entendió”. Comprendo, señor Uribe, que eso de confiarle los huevitos a alguien que planea desayunarlos por la mañana es muy duro.

Es que Santos es un desconsiderado, no se imagina lo que es quedarse solo en el mundo a una edad tan avanzada como la suya. Yo no quisiera ni imaginarme que a los 60 años todos mis amiguitos fueran presos, mucho más indignante si son inocentes, así como todos los amiguitos suyos. Y lo entiendo, no ha de ser divertido tomar el té en la cárcel, tampoco con restricción de tiempo. Me parece muy mal hecho de su sucesor. Él se comprometió a defender su legado, lo sé, me consta. Todos lo vimos y lo escuchamos, por eso no voté por él, me pareció tan de mal gusto que usted redujera una finca tan grande como Colombia a un simple gallinero. Pudo haber ampliado el inventario, en vez de huevitos hubiera dicho más la lechita, más las maticas, más los capataces. Y el error fue suyo, no debió confiarle algo tan delicado a una persona tan descuidada. Le hubiese dejado los hierros con los que marcaba el ganado o el pilón del arroz, ¿no se da cuenta que los huevos se pudren rápido?

Pero está bien, ese es el precio que hay que pagar cuando se opta por ser sordo y ciego, ¿Acaso no se lo advirtió Daniel Samper en su artículo primera alocución presidencial de Juan Manuel Santos? Pero es que como andaba tan ocupado despotricando de todo el mundo, incluso de este magno periodista, ni cuenta se dio. Pero el error fue haber destapado el nimio caso de Agro Ingreso Seguro, ahí está todo el problema. De no haber sido por eso la historia hubiese sido más vergonzosa, en los libros que leerán mis hijos aparecería el nombre de su “minimí”, Uribito, para el periodo presidencial 2010-2014. Muchas gracias Valerie, de no haber sido porque prestaste tu nombre para tan magnífico proyecto jamás nos hubiésemos dado cuenta y, lo más probable es que hoy, quien yace recluido en un hotel diez estrellas, fuera el dueño del Palacio Presidencial. Desde entonces ya no desestimo las reinas de belleza, esta mujer, toda una heroína, cambió el rumbo de la historia, gracias de nuevo.

Pero bueno, retomemos, ¿por dónde íbamos? Ah sí, por los dioses. Entonces, esta religión, surgida de repente, y como todas, da visos de división. Sin embargo, ¿habrá alguien en la U que esté por convicción? Y me perdonan, pero es que con esos líderes y esas amistades que cargan uno tiene mucho para pensar. Quizás, quienes invocan su consternación porque están en la encrucijada del conflicto entre sus dos dioses, lo hacen queriendo hacer un llamado a que amiguitos de fechorías no pueden pelear, qué susto, imagínense sacándose los trapitos al sol. Yo también estaría asustada.

Sin embargo, quienes nada temen han de quedarse alineados al nuevo Gobierno, pues, qué van a hacer con un perdedor como el expresidente, quien está solo, iracundo y deprimido ahora mismo. Quien ahora recurre a los trinos de su twitter porque, de repente, ya no tiene el 85% de popularidad con la que alguna vez contó. Y no deja de ser triste, la verdad, pues, después de haber sido “el mejor presidente de la historia del país” (vaya pobre país, pero los entiendo, el que no tiene ni idea de lo que ha pasado en esta finca no puede más que decir estas barbaridades) pasa a ser un polémico e insustancial “trino”. Pero bueno, igual, señor Uribe, como usted mismo lo ha dicho, “le temo más a lo que dirá la historia”, no se preocupe, si usted es inocente, relájese. Ármese de valor y dedíquese a escribir un libro con todos los soportes decentes que desvirtúen las acusaciones en su contra. Ah, y por favor, excluya de su vocabulario la bendita palabra criminal, me tiene harta de tanto llorar invocando “la venganza criminal”. Amanecerá y veremos, la historia juzgará.

Y bueno, al resto, les pido, por favor, dejen el drama, no me vayan a decir que porque el uno es llorón y el otro un aprovechado se puede desarticular una religión tan pagana, amplia y unificada. Háganle un favor al país, no se vayan a separar, a este país no le cabe una religión más, ¿o es que no se han dado cuenta de toda la tinta que hay que gastarse cada elección para imprimir a cuanto partido, perdón, a cuanta religión se le antoja surgir? Además, qué pereza uno bien ciego y esos cuadritos bien chiquitos. Uno llega y ese montón de cuadritos le dan mareo, es más, se le olvida a uno la religión que profesa, se confunde. Los invito a que dejen el escándalo, resuelvan sus problemas y dejen de desviar la atención con sus peleas de niños mimados.

miércoles, 12 de octubre de 2011

QUE NO, QUE NO, QUE NO… ¡QUE NO SON CACHACOS!

Nací y crecí escuchando la bendita palabra cachaco por todos lados. Asumí, de entrada, que se trataba de los nativos del interior. No cuestioné el significado de la palabra porque todo el mundo a mi alrededor la usaba para identificar a todo el proveniente del interior del país: el bogotano, el paisa, el santandereano, en fin, de ahí pa’ abajo. Además era una niña, por Dios, yo andaba pendiente de volármele a mi abuela (quien no veía muy bien por cierto) para irme a encaramar en las palmeras de la playa, de rebuscar a mi papá en las oficinas más recónditas de la Gobernación de la Guajira para pedirle monedas a ver si me compraba un “raspao”, de sacar monedas de donde fuera (el bolso de mi mamá es testigo) para ir a llenarme los dientes de caries comiendo dulces, los benditos barriletes, ahí me tiré la vida. Deduzcan lo que quieran, me da igual, de todas formas siempre me han dicho que soy una peste. En fin, andaba imbuida en ese mundo letárgico que nos ofrece la niñez y del cual deseamos salir algún día sin saber del infierno que nos espera en esa cosa llamada adultez, pero bueno, nadie escarmienta por pellejo ajeno, dicen por ahí. En esas andaba yo cuando aprendí a decir, típico de todo oriundo del Caribe colombiano, “la tienda de los cachacos”. Y es que el que no conozca una “tienda de cachacos” no es de la región Caribe, o vive retirado de la urbe, una de dos.


¿Quién diablos dijo que los bogotanos (o resto del interior del país) son cachacos? ¿A cuenta de qué? ¿De su buen vestir, su elegancia o caballerosidad? ¿Son demasiado educados? Ah no, es que son españoles de muy buena posición económica, supongo. En fin. Pero como todo en la historia es tan apasionante, así ha sido siempre, encuentro que este calificativo se remonta a épocas coloniales cuando, en el nido ese (cuando digo nido me refiero concretamente a la época colonial, no actual) llamado Santafé de Bogotá, su gente vestía extremadamente bien porque tenían que aparentar que eran de mejor familia (Cosa que jamás fueron) y alcanzar el grado de criollos prestantes. Entonces, el calificativo en principio fue correcto, pero ahora no. Entiendan que en Bogotá, en el interior del país, así como en el resto del mundo, hay mortales donde, así como existen cachacos, también existen gamines. Y es que en mi Tierra también hay cachacos, imagínese. Los conozco, convivo con uno y todo, se hace llamar mi hermano menor.

De niña era feliz diciendo cachaco, no le veía el problema. Y ahora, que suelo ser más infantil que antes, paradójicamente, me produce jaqueca decir cachaco para referirme a las personas oriundas del interior del País. El cuento es que ahora no sé cómo decirles, me toca hablar del gentilicio de cada departamento, lo que se hace sumamente largo, pero no importa, con tal de no volver a decirles cachacos, eso lo paga. Aunque la situación es más dramática cuando nos enfocamos solamente en lo bogotanos, a ellos nos referimos con más ahínco a la hora de decir cachacos ¡Qué tal! Creo que ya les expliqué de por qué el cuento empezó con ellos.


Pero les voy a contar mi triste historia, de cómo me desprendí de ese calificativo, no crean que fue fácil... Llegué a Medellín al año inmediatamente siguiente de graduarme del bachillerato, no les voy a decir cuando para que no me calculen la edad ni la trayectoria. La primera vez que caí en cuenta del significado de la palabra cachaco fue cuando escuché, ya en Medellín, que alguien, cualquiera (ya ni siquiera recuerdo quién ni las circunstancias), dijo: “hay que ir de cachaco”. Mi reacción fue contundente. Me dirigí al diccionario más cercano y busqué el significado de tal palabra, y ahí estaba: “persona de buen vestir”. Lo recuerdo así, escuetamente. El mundo me dio vueltas, ¡Se imaginan! Acababa de romper un paradigma de mi cultura. Tal fue mi trauma que en adelante se me trababa la lengua, balbuceaba, ya no sabía qué decir para referirme a quienes conocí como cachacos. Desde entonces peleo en toda parte y con todo el mundo. Con mi papá, mi mamá (aunque pelear con ellos ya es tan rutinario que es irrelevante resaltar las discusiones en torno a la palabra cachaco), mis compañeros, amistades, ¡Con cualquiera! Soy perfectamente capaz de quedarme todo el día en un semáforo refutándole a alguien el significado de esta palabra. Pero tranquilos, no estoy de manicomio aún, es solo un gran trauma producido por el “choque cultural”.

Los choques culturales son traumáticos, los míos así lo han sido… Y vaya que choque cultural tan bravo, ni se imaginan las peleas que libré con tal de aprender a hacer buen uso del vocabulario, pues, como soy incorregible, me cercioré de usar las palabras correctas, para que no me corrijan, o por lo menos no me tomen por sorpresa, hasta compré un diccionario y lo cargaba en el bolso, todo con tal de que no me refutaran y defender el vocabulario coloquial que usamos los del Caribe colombiano (no diré costeños porque ese es otro eufemismo barato... ¿De cuándo acá un planeta-ricense es costeño? ¡Son sabaneros señores! Es que esta gente de por acá es feliz diciéndole costeño a todo lo que se le atraviesa con cara de suero, pescado y yuca. A propósito, yo también soy sabanera, lo llevo en la sangre, suelo decir que soy enrazada. Pero eso sí, nacida y criada en la Costa, que no haya equívocos). Y ni hablar de la arepa, esa es otra larga, traumática y deprimente historia, por ahora quedémonos en el léxico.

¿De cuándo acá un paisa me iba a poner a decir emparamado en vez de empapado? ¿De cuándo acá iba a decir taco en vez de trancón? ¡Ni por equivocación! No me cambian mi jerga por nada del mundo. Aunque quedó una pelea en remojo, que nadie ganó, o más bien ambos ganamos, la de la famosa pluma Vs canilla… ¡Esa es la más famosa! Es correcto tanto pluma como canilla, así que compañero, no se deje aturdir, no se deje amedrentar, cuando lo corrijan y le digan que es canilla, diga con mayúscula sostenida, en negrita y con signo de admiración: ¡PLUMA ESTÁ BIEN DICHO! Hagan cara de eruditos si quieren, disfrútenlo, pero no se dejen, por favor. Mi búsqueda a este respecto fue tensa, les confieso que me ofusqué cuando encontré que canilla estaba bien dicho, me imaginé llegando a mi Tierra a decirle a todo el mundo que debían decir canilla, y no pluma, me imaginé doblegándome a la jerga paisa, hasta que por fin encontré que pluma también se podía usar para referirse a la llave que regula el paso de los líquidos ¡Qué descanso! Y ni hablar de la batalla campal que libré la primera vez que escuché que le dijeron corroncho a un vallenato que a mí me gustaba. Después de una pelea monumental y una profunda depresión entendí que acá a todo lo que les parezca del Caribe colombiano lo tratan con ese calificativo. Me costó, pero al final lo entendí. También entendí, después de mucho, que me peleaban adrede las cosas, solo para mortificarme, pero eso tampoco lo lograron, lo único que consiguieron fue hacerme reír, y mucho.

Finalizo diciendo, para que no me mal entiendan, que no tengo nada en contra de los paisas, hasta me caen bien después de todo, tengo muchas amistades paisas y son muy buenas personas, a algunos hasta los quiero, y mucho, creo que se los he dicho en uno de esos estados en los que la lucidez se ausenta. Lo que no les perdono a algunos es que me le hagan mala cara al vallenato, tampoco les perdono que le arruguen la ceja al suero, al ñame, al mote de queso o hacerle burla a nuestra sagrada forma de hablar rápido. De resto, los perdono por ser paisas. A los demás los perdono por no ser “costeños”. Y a los oriundos del Caribe colombiano no les perdono jamás que vuelvan a decir cachaco para referirse a alguien “del interior” del país, no se los perdono. ¡NO SE DICE CACHACO, QUE LES QUEDE CLARO! ¿O se los repito?

Por María Jimena Padilla Berrío