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sábado, 8 de marzo de 2014

El voto ebrio



Como toda tragicomedia en nuestro país, y en medio del folclor que nos caracteriza a la hora de hacer cualquier cosa, el tema de la ley seca previo a elecciones no se salva. Por estos días ruedan por las redes sociales toda clase de burlas a la ley seca que impera en víspera de las elecciones. El asunto se trata de garantizar el “orden público”, una expresión tan inasible que, hasta el día de hoy, todavía no sé de qué se trata. Ni siquiera los expertos saben qué es, ¿alguien sabe a qué se refiere la ley cuando dice “la moral”, “las buenas costumbres” y “el orden público” en COLOMBIA? Yo no.

Si el voto fuera obligatorio, que debería serlo, tal vez se entendiera la ley seca como una medida para evitar la resaca y garantizar que todos vayan a votar. Pero bueno, aquí seguimos tratando de deducir, con base en la realidad, que lo que buscan es que la fuerza pública se ocupe de organizar a las personas en los lugares donde van a repartir la lechona, el sancocho de gallina y los tamales a cambio de un voto, y no persiguiendo borrachos ni haciendo comparendos. En el mejor de los casos, tratando que las personas no cobren dos y tres veces los $20,000 que les prometen a cambio del voto.

En fin, es tan complejo este asunto de para qué una ley seca si, por lo general, aquí beben y beben y solamente atropellan gente, se agarran a los puños (de vez en cuando con puñal en mano), y terminan llenándole los bolsillos a los productores de gatorade. De lo anterior, lo único que se altera como consecuencia de la ley seca es que bajan las ventas de gatorade.

Pero seguimos en las mismas… ¿Para qué la ley seca? Siendo un poco más románticos, pensando más en la moral, las buenas costumbres y bla, bla, bla…, esas cosas que les dije que no entendía, podría decirse que la medida de la ley seca busca tener una población ampliamente sobria y lúcida que vaya a las urnas a elegir a esos ciudadanos (“y ciudadanas”, para seguirle la corriente a Petro y a Fajardo) de bien que tanto le aportarán al país. Pero definitivamente esa no es la razón, el voto sobrio no tiene ninguna relación con elegir bien.

Y es cierto, si hemos votado sobrios todo este tiempo y los resultados han sido tan nefastos, de pronto metiéndole alcohol a la cosa se nos olvidan los $20,000 que nos dieron para votar por el malandro de turno, quizás con una resaca encima se nos olvida el nombre de esos partidos políticos por los que NADIE, ni siquiera las personas allegadas a los candidatos, debería votar. Tal vez, después de una rumba de esas carnavalescas, en medio de la cordura de un guayabo, con la sensación de “no volver a beber”, tomemos la decisión de no volver a elegir mal.

Deberíamos, entonces, hacer una acción popular para tumbar esa medida. Implementemos el experimento a ver cómo nos va, no nos dejemos amedrantar. No es justo con los señores de bavaria, ni de gatorade, no es justo con esos sujetos que se ganan el pan de cada día a costa de asaltar borrachos. No es justo con esos taxistas que se tienen que aguantar la perorata de bobadas que dice un borracho en el camino a casa, cuando el señor del taxi se encarta porque el pasajero ni siquiera recuerda dónde vive.

¡No es justo! Levantémonos en contra de todas estas injusticias y exijamos, con base en el artículo 16 de la Constitución, el voto ebrio, por aquello del libre desarrollo de la personalidad.

@MaJiPaBe

domingo, 2 de marzo de 2014

No botes tu voto


En chiste (creo yo que es chiste, o eso espero), algunas personas con las que toco el tema de los candidatos al congreso y, como es de esperarse, les propongo la candidata que apoyo al senado, a Claudia López, muchos me dicen: ¿Y qué te ofreció? ¿Qué me ofrece? Con la misma sonrisa socarrona, pero muy en serio, les contesto que precisamente porque no me ofreció nada es que voy a votar por ella, porque el primero que pretenda comprarme el voto se queda sin mi respaldo.

Siempre he tratado de guardar distancia con los políticos, sobre todo esos de la vieja guardia, o los que tienen una trayectoria manchada de cuanta indecencia se atraviesa. No acostumbro a defender candidatos, o al menos a los que defiendo siempre pierden. Me cuesta creer, me he vuelto una escéptica anclada en los viejos casilleros, los miro a todos con recelo, y aún así el mundo sigue su curso, el congreso de todas maneras se elige. Crea o no, apoye o no, los mecanismos electorales no van a cambiar, o por lo menos no en el corto plazo, y entonces me digo, hay que apostarle a alguien así se ahogue, qué importa. De todos modos tengo EL DEBER, más que el derecho, de votar, pues, en mi opinión, el abstencionismo es otra manera de corrupción. No es justo que la humanidad haya gastado siglos, vidas y esfuerzos para conseguir el sufragio universal como para simplemente quedarnos sentados a ver qué ocurre.

Si bien es cierto que en materia presidencial estamos en una encrucijada como nunca, no ocurre lo mismo en materia de congreso. Tenemos personajes decentes por los cuales votar, ya depende de nosotros si botamos el voto, si elegimos a los mismos de siempre, si de verdad cualquier dinero que prometan a cambio de votar por ellos vale más que el devenir de nuestro país. Por ello, después de hacer un análisis, pienso que Claudia López es la opción más viable porque, en primer lugar viene de la academia, con análisis y hallazgos sumamente importantes (parapolítica) y, además, ha tenido la valentía de desafiar las grandes mafias de este país.Y me atrevería a decir, sin temor a equívocos, que el Congreso que se avecina es crucial, debe darnos cuenta de la reforma a la justicia, a la salud y a la educación, por lo menos, ¿les parece entonces que no debemos preocuparnos por elegir bien?

Uno de los principales retos, antes de esperar que los corruptos cambien, es cambiarle las reglas de juego. Castigar a los que efectivamente nos castigan con sus leyes absurdas. Sin embargo, soy consciente que en el país uno de los mayores problemas es que gran parte del electorado vota con hambre, lo que lo vuelve vulnerable ante esas mafias andantes que a su paso compran el voto. Y es ahí a donde llegamos y encontramos una pared maciza, pero no inquebrantable. Tenemos que encontrar la manera de quebrar estos círculos de corrupción… una sutil propuesta, para generar la duda, es que el voto es secreto, y como tal en la urna podemos votar por cualquiera.

Para reforzar esto es necesario que:
1.- Las personas se concienticen de que no por haber recibido dinero TIENEN que votar por el que les suministró dinero.
2.- Los testigos electorales, que podemos ser cualquiera de nosotros, debemos comprometernos con la veeduría, a fin de velar para que no se presenten irregularidades, y así generarle confianza a aquéllos que se sienten en la obligación de votar por el que “le compró” el voto

Así, pues, queda claro que tenemos el poder en nuestras manos, nos hace falta más compromiso. Y con respecto al voto presidencial, yo sigo en mi angustia de no saber qué hacer, y a la vez, en la irresponsable posición de votar en blanco, porque por muy digno que sea, no sirve de mucho ante una mafia tan bien montada como la nuestra.

Para ver: https://www.youtube.com/embed/R-O7BeHiII0

Twitter: @MaJiPaBe

viernes, 7 de febrero de 2014

Vota bien… ¡Vota blanco!


Hay cosas que uno jamás admite, como que llenaba los chismógrafos cuando estaba en el colegio, que le gustaba el hijo de la amiga de la mamá, que leía la revista “tú” o que veía Barney. Esas son cosas inadmisibles y revivirlas podría dar al traste con la poca integridad mental de una persona. Pero bueno, esas son situaciones sin mucha trascendencia, siempre y cuando este tipo de confesiones no las lean los hijos de uno, o peor aún, los nietos.

Hay otras, menos ocultables pero igual de trascendentales, como admitir que “se ahogó”, ¿No les ha pasado? A mí sí, ¡Siempre! Ya no sé ni para qué rayos voto, ni para qué me gasto ese ratico, siempre termino deprimida y de pelea con todo el mundo, ¿Cómo se les ocurre votar por esa bestia? Y el tiempo nos da la razón, a los derrotados en las urnas… ¡Son unas bestias! De suerte que nuestros candidatos no ganan, así podemos despotricar de todos y quejarnos con soltura, pues, nadie nos está señalando al candidato porque simplemente perdió.

Mis sutiles acercamientos con el sufragio, desde que uno empieza dizque a elegir “el personero” en el colegio, donde la cédula es el carné estudiantil, ese que, después de mil años, seguimos sin saber para qué servía, dieron cuenta, desde los comienzos de mi vida, de mi mala racha. Sólo sé que le atiné una única vez a un candidato, y no fue la vez que me lancé, porque, como uno tampoco quisiera admitir, terminé en la honrosa posición de perdedora cuando aspiré a la personería de mi colegio (espero que esto tampoco lo lea mi descendencia).

Pero bueno, qué le vamos a hacer, no tengo discurso para prometer ni siquiera las cosas que sí tengo la intención de cumplir, me da pena “pedir votos”, me siento como pidiendo dinero, o limosna, o peor aún, “¡me colabora con una boleta para una rifa que juega el sábado!”. Y no estoy desmeritando la labor de quienes venden algo, simplemente no es mi habilidad, en esta vida no fue, no vendo ni un vaso de agua en el Sahara a medio día.

El caso es que, retomando el tema de los eternos “ahogados”, mi historia escolar se ancló en mi vida y, al parecer, piensa quedarse a vivir conmigo, aunque le hago mala cara y por ratos me da mal genio. Bueno, reconoceré que sí he ganado, sólo un candidato me resultó en las últimas elecciones de Alcaldes y Gobernadores. Dicen que el voto es secreto, pero qué le hace, admitiré abiertamente que voté por Fajardo, ese mechudo me cae lo más de bien, porque, como lo describió Vladdo alguna vez, no es “ni de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario”.

Como todo político, tiene escándalos. Yo, sin embargo, opté por ayudarlo a montarse y me desentendí, allá ellos que se agarren, yo no tengo tiempo para eso, hay mucho altanero aspirante con quien pelear. Además, el solo hecho de haber quitado cualquier clase de recurso público destinado a “reinados de belleza” lo hace digno de mi admiración. Ha sido mi único triunfo en las urnas, y no me arrepiento. Es más, cuando salió electo, como todos los pronósticos, me sorprendí de haber atinado por primera vez.

Desde entonces, como no tuve que volver a entenderme de elecciones, me dediqué a fantasear con los candidatos de los comicios del 2014… ¡Y comenzó Cristo a padecer! Uno se da a la tarea de mirar esos candidatos y entra en crisis, ¡por suerte tenemos a Pékerman! Por lo menos lo que medio salvó el año fue la selección Colombia, con el cuento ese de la clasificación y lo de la cabeza de serie se nos olvidó un poco el asunto, pero la lesión de Falcao nos trajo de regreso, ¡Y volvimos!


Ahora resulta que, no sé si por el mal genio de dicha lesión, ningún candidato nos gusta, y de repente, el candidato que escogí desde el comienzo, el Blanco, que siempre se ahoga, resulta que repunta en las encuestas. De repente, se me pasa por la cabeza que mi mala racha con los candidatos terminó, que esta vez tampoco me voy a “ahogar”, y lo mejor de todo, que lo voy a disfrutar como ningún otro triunfo. Ya iba siendo hora que dejáramos en claro que no los queremos, que estamos cansados, que estamos hartos de que vivan a sus anchas a costa de nosotros, ¡Nos cansamos! Ese es el resumen de lo que marcan las encuestas.

domingo, 27 de octubre de 2013

La Pesadilla de la Reforma a la Salud



Tuve una pesadilla, y fue horrible. Me vi llegando al médico con un fuerte dolor de uña y le suplicaba, le rogaba, le imploraba que me recetara cualquier cosa, aunque fuera acetaminofén, que hiciera algo porque el dolor de uña me estaba matando. Noté que me miraba con desdén y entonces empezó a explicarme que no podía, que eso no lo cubría el POS porque en la última reforma a la salud sólo habían dejado los medicamentos que más demandaban los colombianos, y como todos le hacían mala cara al acetaminofén decidieron sacarlo. ¿Y un ibuprofeno? Pregunté. No, ese también salió del POS por la misma razón, siempre lo recetaban y los pacientes no se lo tomaban porque no le tenían fe, y ahí fue cuando recordé el montón de veces que me lo habían prescrito y que ni siquiera lo reclamé.

¿Entonces qué recetan aquí? Pregunté desesperada, mientras mi dolor iba en aumento. El médico alzó la vista por un segundo, frunció el seño como quien trata de recordar algo, dejó de chatear con sus amigos en facebook, y me respondió que con mucho gusto me aplicaba una inyección, que estaba en el POS, pero que el último Director del Hospital, que no aparecía hacía un mes y se creía que estaba huyendo porque estaba siendo investigado, se había llevado todo el dinero.

¡Es un cínico! Grité visiblemente alterada, mientras daba un golpe en seco sobre el escritorio con la otra mano, la que no me dolía. El médico me explicó que el Director financió la campaña del último Gobernador electo y, como éste último lo había nombrado, el Director vació las arcas del hospital para pagarse la deuda multimillonaria que había dejado el Gobernador después de que éste huyera, tras ser perseguido por la Fiscalía luego de que el Tránsito lo sorprendiera manejando después de haberse tomado una cerveza, pues, las sanciones las habían endurecido a tal punto que a quienes sorprendieran en ese estado los someterían a la pena de muerte.

Me quedé pasmada, miraba hacia todas partes tratando de encontrar una solución a mi dolor. Traté de respirar profundo, dicen que eso ayuda con el dolor, pero no es cierto. El médico siguió imbuido en el computador, lo que me causó un ataque de ira y terminé por gritarle: Deje de chatear en facebook, respéteme por lo menos, atiéndame así sea que nos pongamos a conversar sobre la telebobela de anoche. Entonces me respondió que ya no estaba chateando porque mis gritos no lo dejaban concentrarse, ahora estaba jugando solitario.

¿Y es que aquí no trabajan? Le pregunté alterada. Qué más quisiéramos nosotros, me contestó. Algunos tenemos disposición para trabajar pero es que ya no hay casi clientes, y a los que llegan, como usted, no podemos atenderlos porque no hay nada. Se quedó dubitativo unos segundos y prosiguió… ¿Sabe? Si en mis tiempos hubiera existido esa carrera nueva que están ofreciendo todas las universidades ahora, “administración funeraria”, créame que la hubiera estudiado, pero como mi familia siempre fue de médicos y vivió bien, creí que la historia se iba a repetir en mí, y ya ve, no pasó. Mi hijo sueña con ser sepulturero y tengo un sobrino que está haciendo un máster en remoción de escombros, desde la tragedia esa de Space ese cuento como que se volvió rentable.

¿Y entonces, de qué viven los médicos? Le pregunté asombrada. Me miró fijamente, con mucha nostalgia, y comprendí, por la tristeza de sus ojos diáfanos, que habían caído más bajo que los profesores de escuela, a quienes paulatinamente les fueron quitando privilegios para volverlos unos gamines más. De repente mi uña comenzó a dolerme mucho más y pegué un grito… Entonces me desperté sudada, con la respiración entrecortada, temblando del miedo.

Me senté en la cama, miré la hora y me quedé pensando en la magnitud de la pesadilla. Vislumbré el futuro por un instante y corrí al computador. Envié solicitudes a la NASA para que me aceptaran en el grupo ese de personas que se van para Marte y vi, con angustia, que el proyecto había fracasado, que la segunda convocatoria que aspiraban hacer ya no iba a ser posible porque tuvieron muchos inconvenientes en Marte. Entonces me dijeron que les parecía muy curioso que una colombiana les hiciera la solicitud, pues, justamente cuando les comunicaron a las personas que había que regresar a la Tierra los colombianos se negaron rotundamente y armaron un sindicato en Marte, exigiendo el respeto a su derecho a una vida digna, a sabiendas que se iban a quedar totalmente desprotegidos en Marte.

Twitter: @MaJiPaBe

martes, 22 de octubre de 2013

Las vainas de mi pueblo



En vez de transformarme en una loca  energúmena, como suele ocurrir cada que algo me saca de quicio (aunque mi hermano tiene una teoría: a mí todo me saca de quicio), esta vez he seguido la noticia del Gobernador de la Guajira con extraños sentimientos de tristeza, desazón, impotencia. Como cuando nos hieren el orgullo y tenemos que tragarnos las palabras porque, en el fondo de nuestro ser, somos conscientes de la situación. Sabemos que las circunstancias guardan algo de sensacionalismo y de realidad, es innegable, pero aún así, estamos cansados.

De la Gobernación de la Guajira, desde que tengo uso de razón, escucho escándalos que vienen y van, entre otras cosas porque para mí, lejos de ser el recinto de la primera autoridad Departamental, fue ese lugar donde terminaban mis escapes enigmáticos, mis tardes de arrastrada en la playa y de antojos de dulce. De niña, en medio de las travesuras que implica la edad, después de volármele a mi abuela, después de atracar las chazas de dulce y revolcarme hasta más no poder en la orilla de la playa, jugando a guardianes de la bahía o simplemente contemplando la puesta del sol, terminaba subiendo y bajando escaleras, metiendo las narices en todas las oficinas y repartiendo saludos como una loca preguntando por mi papá.

Como toda niña de seis años, las personas miraban con cara de asombro a la indigente que frecuentaba la Gobernación sin que nadie se explicara por qué la dejaban entrar. La razón era muy sencilla: A mi papá, como buen guajiro conversador, dicharachero, excesivamente sociable e intenso, lo conocía desde el celador hasta el Gobernador, situación que facilitaba mucho las cosas. Entonces, bastaba con llegar y decirle al celador el nombre de mi papá para que me dejaran entrar. Con el tiempo ya me reconocían y bastaba con advertir mi presencia para que me señalaran en dónde se encontraba.

Pasaba la recepción, pasillos llenos de oficinas, señoras del aseo y del café, bultos de papeles y papeles hasta llegar a la oficina, o a la sala de reuniones, o dónde quiera que estuviera metido. Como no iba sola, el regaño era compartido. Mi hermano y yo, como un par de gamines, desfilábamos por los pasillos de la Gobernación en busca de ese papá para pedirle dinero, el cual, al vernos en el estado tan deplorable en el que osábamos ir, nos miraba como quien mira a una cucaracha pero no se atreve a lanzarle el zapato en público. Al final resolvía darnos la plata con tal de que nos largáramos cuanto antes, advirtiéndonos que en la noche arreglábamos, aunque nunca se tocaba el tema, por eso regresábamos una y otra vez cada que se nos antojaba, y se repetía la escena.

Recuerdo las peleas interminables con mi papá porque, si un día me antojaba de la casa de la barbie o de algún juego de niño varón (como una pelota o algo más unisex como un rompecabeza), al día siguiente, como si nada, me antojaba de cualquier otra barbaridad y, sin pizca de misericordia alguna, le hacía la lista de caprichos acumulados. Además, como buena hiperactiva insoportable, mantenía metida en cuanto curso que implicara gastos desmedidos, los cuales yo terminaba de exagerar (pintura: óleos, lienzos, pinceles; música: flauta, guitarra; manualidades: papeles, cartulinas, papeles, cartulinas, papeles…). De allí, cada que exigía algo, tenía que someterme al sermón del día: “Cuando Chichi Pérez pague”, entonces empecé a comprender el drama de siete y hasta nueve meses sin pagar en la Gobernación. Aunque al día siguiente lo enfrentara de nuevo y le dijera, sin pizca de consideración, que me importaba muy poco si le pagaban o no, pero que tuviera le gentileza de comprarme mis cosas. En el peor de los casos terminaba acusándolo con mi abuela y, a punta de regaños, yo siempre terminaba ganando.

Me acuerdo, también, de mis peleas interminables por teléfono cada que se iba la luz: “Señores de electricaribe, ¿y cuál es la excusa de hoy?, ¿me explican por qué fue que quitaron la luz?”. A mi mamá le tocaba quitarme el teléfono porque siempre terminaba agarrada con algún empleado (todavía hoy en día me abre los ojos cada que llamo a hacer algún reclamo a alguna empresa de servicios, pues, pese a que mi tono es decente, mi lenguaje sarcástico logra insultar con tal decencia que ni yo misma percibo que lo estoy haciendo), y muchas veces me llegaron a decir, sin asomo de vergüenza: “racionamiento”, lo que me convertía en una loca endemoniada. En ocasiones la quitaron de noche, entonces me tocaba aguantarme los ronquidos de mi papá porque me mudaba para el cuarto de ellos, pues, ni loca dormía sola en esa oscuridad, era como si la ausencia de luz aumentara las probabilidades de que salieran fantasmas, espíritus, violadores o cualquier cosa de esas.

Por si fuera poco, recuerdo el desfile de carro-tanques cada que “un daño” nos dejaba sin agua por semanas. Aprendíamos en esos tiempos el significado de la bendita palabra de electricaribe: racionar. Además, como si todas estas historias macondianas no fueran suficiente, cualquier día terminábamos agarrados con el del colectivo, el taxi o la buseta por la sencilla razón de que, de la noche a la mañana, el precio del transporte público fácilmente se duplicaba porque “no está pasando gasolina” (de Venezuela). Pero a pesar de todo, nos atrevíamos a seguir viviendo… Aprendimos entonces que el mundo no se acaba si no hay agua en la regadera o si tocaba ponerse a contar las estrellas porque no hay luz.

En fin, puedo quedarme el resto de la eternidad contando anécdotas, esas que recrean la dura y cruda realidad de una tierra que, por décadas, ha esperado la atención del Gobierno Nacional, pues, los gobernantes locales nos han fallado una y otra vez, con algunas excepciones, claro está. Basta con echar un vistazo, no sólo a LA CA-PI-TAL, sino al resto del Departamento, para darse cuenta el nivel de pobreza extrema que viven muchos de sus habitantes.


A lo largo de mi vida no he hecho otra cosa que escuchar escándalos: que se robaron (la plata, las elecciones, la educación…), que se burlaron (del pueblo, de la justicia, de la necesidad), que hicieron y deshicieron y la vida transcurre igual, como si nada. La Guajira, esa tierra de nadie y de todos, esa tierra donde, por encima de la Constitución Nacional y la Ley, impera la retórica expresión de “estamos en Riohacha”, esa tierra desértica y cálida, de costumbres agrestes y sentimientos nobles, de amistades sinceras y acordeonistas, de grandes riquezas naturales y malos gobernantes, está cansada de tanto abandono. 

Los Guajiros nos cansamos de los malos gobiernos y los escándalos vergonzosos. Los Guajiros nos cansamos de ser un acceso extraño que le sale al mapa de Colombia en el norte, estamos hartos de los malos servicios públicos, del abandono estatal, del aislamiento, de los señalamientos, de ser uno de los Departamentos con deficientes niveles educativos, con altas tasas de corrupción, impunidad, caos… Estamos cansados de que los mismos Guajiros, sus gobernantes la más de las veces, no quieran su tierra. Y lo peor de todo, es que a estas alturas la situación ha cambiado muy poco. Seguimos de escándalo en escándalo, el agua todavía sea va, la luz aún la quitan, la gasolina todavía escasea y el “estamos en Riohacha” sigue siendo la ley.



Twitter: @MaJiPaBe

jueves, 25 de abril de 2013

De moralistas e hipócritas: Una mirada al matrimonio entre personas del mismo sexo





Que los homosexuales quieran acceder al matrimonio, creo yo, no es una forma de querer vestirse de gala, repartir flores y recibir regalos, pues, a mi modo de ver, no existe una institución más conservadora y goda que el matrimonio, y a la vez, no existe una visión más liberal y anti conservadora en el mundo que el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo. La cuestión no es tan sencilla, no es que ellos simplemente quieran ampliar la foto matrimonial y ponerla en el lugar más visible de la casa, ¡No!, se trata de una serie de derechos que, por ley, se adquieren apenas se firma el contrato de matrimonio, algo tan difícil de entender para la sociedad.

¿Cómo es posible que alguien que comparte su vida con otro no tenga derecho, al final, a heredar lo que, por ley, le corresponde a quienes ostentan la calidad de cónyuges?, ¿Cuál es la diferencia? ¡Ninguna!, pero ahí está pintada la vetusta y obscena sociedad que tenemos, hipócrita por naturaleza. Saben pedir muchos derechos a la hora de invocar salud, educación, trabajo… ¡Libertad!, pero son felices violentando los derechos de los otros, ¿En qué se basan para prohibir el matrimonio entre homosexuales?, ¿En la inmoralidad?, eso me suena a un dicho: “El burro hablando de orejas”, a propósito de las cátedras de moralidad del Congreso, el recinto más inmoral del país. Por suerte la Corte Constitucional ha avanzado en aspectos como el reconocimiento de la pensión al compañero del mismo sexo y otros asuntos nada despreciables, pero falta más, mucho más.

Y si la cuestión fuera de religión, ¿Cuál religión?, ¿Se les olvida el libre albedrío?, ¿Acaso van a impedir que los homosexuales sigan siendo homosexuales por negarles el matrimonio?, es tan absurdo decir que permitir el matrimonio del mismo sexo es fomentar el homosexualismo como decir que permitir el divorcio es fomentar la desunión familiar, ¿Acaso la figura del divorcio fue aprobada para fomentar la destrucción de las familias?, yo creería que más bien fue para promover la libertad, en aras de que quien no quisiera seguir unido en matrimonio con otra persona tuviera la opción de liberarse de ello. Y se divorcian una, dos, tres veces, a sabiendas que va en contra de la moral cristiana, pero se escandalizan con el amor de las parejas del mismo sexo, como si el amor tuviera idioma, color, raza, edad.

Si las leyes definieran la realidad este mundo no tendría problemas, una cosa es que esté prohibido matar y otra muy distinta que no maten, hay un gran abismo entre las leyes y la realidad y Colombia, el país del Sagrado Corazón, no ha podido entender, en cientos de años de historia, que aquí las cosas no se arreglan por ley, si de eso se tratara viviríamos el paraíso que nos pinta la Carta Política, por ejemplo. Aquí no hay un problema de moral, aquí lo que hay es un montón de enfermos mentales que no lo reconocen, y mantienen vomitando todas esas limitaciones con cada palabra, con cada incoherencia.

No seré hipócrita, y no lo seamos todos, admito que me asusta la idea de que un hijo mío salga homosexual, igual que me asusta que salga delincuente, con deformaciones, retraso mental, etc., y aclaro, no estoy equiparando el homosexualismo a una enfermedad, simplemente, seamos realistas, nuestra visión de la vida y del mundo es lineal, así nos lo enseñaron. Soñamos con tener a nuestros hijos, llevarlos de la mano su primer día de escuela, sacarlos a pasear, verlos crecer, graduarse del colegio, de la universidad, casarse, tener nietos y toda esa clase de cosas que transcurren sin sobresaltos y no se salen del margen (qué miedo, parezco toda una mamá ya).

También tengo mis posturas de todo tipo, éticas, religiosas, morales, si es que no son casi la misma cosa. No obstante, pese a todo ello, soy consciente que no podemos seguir por la vida decidiendo la forma de vivir de los demás. Considero que, pese a que no es lo más normal del mundo, son personas, seres humanos, y como tal, merecen trato de seres humanos. Conozco homosexuales y sé, por sus relatos, lo mucho que les ha costado a muchos de ellos admitir que son homosexuales, aceptarse a sí mismos. Tras de eso cargan con la familia, las “amistades”, la religión, la moral y, no contentos con todo eso, cargan con el desprecio de la sociedad.

Nos jactamos de un país libre, pluralista, diverso, pero mantenemos escondidos bajo el manto de lo que, a nuestra manera, nos da la gana de decir que no es correcto. Y quien los ve, asombrados a diario frente a la televisión porque un padre mató a sus hijos, una madre los vendió, el esposo mató a su mujer o simplemente los hijos mataron a sus padres; arrugan la cara e invocan todas las vírgenes que se saben (a propósito, no sé de dónde salieron tantas) y el domingo los ven en misa, dándose golpes de pecho de la hermandad, solidaridad y amor, dando cátedras de amor por el prójimo, de ayuda y compasión y viven el día a día en medio de odios, segregaciones y discriminación. Si eso no es ser hipócrita, mezquino e incoherente, no tengo idea de qué cosa signifiquen esas palabras entonces, por algo existen, alguien tiene que hacer el papel, nos tocó a los colombianos.

lunes, 15 de abril de 2013

De Izquierdas, Derechas y Delirios





Ayer fue un día traumático, no porque fueran las elecciones en Venezuela sino porque era día de hacer mercado. Me levanté, peleé con mi hermanito para que se apurara, me dio mal genio porque me tocó desayunar frutas (no había más nada, ¿por qué creen que era urgente hacer mercado?) y, para colmo de males, agarró a llover después. No pintaba ser el gran día, pero ¿quién dijo que los domingos son un gran día?, sobrevivo cada domingo. En fin, llegué de hacer compras y me instalé en ese mágico mundo de la prensa, donde se encuentra de todo, desde el que divaga y divaga en un mundo que no comprende hasta el que resuelve los problemas de la humanidad a punta de teorías inoperantes, o por lo menos muy hippies para mi gusto. Algunas veces me parezco a los primeros, otras veces a los segundos y, en otros momentos, me pierdo en mi misma.

Pero bueno, los domingos se encuentra de todo, y no solo en la prensa, pareciera como si fuera el día dedicado a reflexionar sobre el mundo y sus males ya que facebook se satura a punta de cada elucubración de sus usuarios y comienzo a preguntarme ¿éste por qué dirá eso y aquél por qué dirá esto? No se preocupen, yo también digo muchas incoherencias y termino haciéndome mis propias preguntas: “¡Mi misma, ¿Qué es esa estupidez que acabas de decir?!”. Y ahí comienza de nuevo esta historia, divago y divago hasta que cambio de tema y termino por sucumbir a la música, cualquier libro o simplemente un buen capítulo de “Big Bang Theory”. Ayer, a propósito de las elecciones en el vecino país, los twitteros y facebookseros no pararon de escribir, de publicar, de alardear, de despotricar, a propósito, no sabía que hubiese tanto analista político en este país, me sorprendieron muchos. En fin, ayer fue un domingo de esos en los que me preparé una gelatina y le eché el tarro de lechera para sentarme tranquila a seguir la jornada electoral de Venezuela.

Aguardé impaciente al cierre de las urnas, me reí mucho de cuenta de los chistes que generaba la larga espera a la que fueron sometidos los resultado y, al final, el veredicto que casi todos sabíamos cuál era pero que muchos esperaban cambiar. Supe los resultados, me acosté, y desde entonces no he parado de decir, cada que me acuerdo, veo una imagen o escucho un comentario: “¡Qué robo!”. No porque me conste, pero igual, cada que gana alguien que no nos simpatiza recurrimos a eso. A propósito, esperaba que ganara el voto en blanco, soñé con eso por unos microsegundos pero me tocó despertar, el señor Voto en Blanco no puede gobernar más de lo que ha gobernado todo este tiempo en Venezuela, era hora de elegir a alguien, ¿Pero a quién?

Admito que el Capriles ese me parece sexy, aunque no me he dejado seducir, desde que sea amiguis de Uribe y éste rettwitee algo de Capriles difícilmente va a entrar en mi reino, ¿Qué son esas amistades Henriquito? No porque Uribe sea de la ultra extrema derecha sino porque me parece tan oportunista, incoherente e indigno que no cabe en mí reino. Pero a decir verdad me repugna tanto el discurso de este otro señor que me produjo cierta desazón saber que ganó, o bueno, que supuestamente ganó. Y mi pecado fue manifestarlo, hice eco de mi inconformismo ante ciertas situaciones y terminé atacada. Pero lo que me llamó la atención no fue el ataque, eso es normal, es una condición humana, lo que llamó mi atención fue que alguien me tachó de “torcida”, ¿No que era de izquierda? Me increpó, a lo que tuve que contestarle que yo era cualquier cosa pero no apoyaba corruptos.

Nunca he entendido ese afán de las personas por inscribirse en una línea política, dándose golpes de pecho: ¡Soy de la izquierda!, ¡Soy de la derecha!, pareciera como si estuvieran hablando en términos que, anteriormente, dieron pie a muchas guerras: ¡Soy conservador!, ¡Soy liberal!, en fin, no hay mucha diferencia. Pueden ubicarse donde quieran, incluso en el panteón, que si las ideas y los mensajes son incoherentes, nada que hacer.

Muchas personas me ubican en la izquierda, quizás porque hago reparo en cada cosa, voy un poco más allá de la simplicidad con que resuelven los problemas: enunciando artículos; y tal vez porque siempre me opongo a los gobiernos de turno en Colombia que, para acabar de ajustar, son de derecha. Algunas veces hago bromas al respecto, me coloqué una esclava en el pie derecho y dije que era ahí para someter mi derecha, para no incurrir en las obscenidades de la derecha.

De otro lado, hay quienes han optado por ubicarme, en vista de mis repentinas y alocadas defensas a ciertas posturas nada izquierdistas, dizque en el centro, cosa que me hace hervir la sangre aún más porque es casi como inscribirme en otra corriente política en este país. Yo creo que mi afán nunca ha sido ser una militante acérrima de un partido, no defiendo partidos políticos, eso es casi como pertenecer a una secta, yo defiendo justas causas, programas coherentes y decencia.

En fin, no soy quien para opinar sobre los resultados en Venezuela ni las irregularidades que denuncian algunos, mi país no es que brille por su decencia, aquí sucede de cuanta cosa, abusan de los abusos, compran votos, juegan con el hambre de muchos en épocas electorales y son los mejores a la hora de hablar de oportunismo político. No incurriré en la estupidez de algunos de los que se jactan de la democracia colombiana, tratando de enorgullecerse de la política de su país, juzgando la “ignorancia” del electorado venezolano, como si aquí a la hora de elegir hicieran buenas elecciones, ¿Es que no han echado un vistazo a la manada de ratas que es el Congreso? Sin embargo, pese a que tengo mis opiniones al respecto, me limitaré a no expresarlas de a mucho por respeto a los vecinos; pero quiero dejar en claro que defiendo lo que yo creo y no me caso con partidos ni me inscribo en orillas políticas porque no pienso defender lo indefendible ni izarle bandera a nadie, bastante me cuesta mantener izada mi bandera como para venir a sostenerle fechorías a otros.

@MaJiPaBe

viernes, 11 de enero de 2013

¿Cultura Vs negocio o Tuchín Vs China?




Dejemos algo en claro, los chinos, desde que tengo uso de razón, falsifican todo, diseñan de todo y exportan de todo, con lo único que se quedan es con los perros, las cucarachas, las ratas y esos animales, para su alimentación, claro está. Desde que aprendí a leer no he hecho otra cosa que ver, una y otra vez, en cada artefacto, “made in China”, ¿Quién no tuvo tamagotchi “made in China”? ¿Quién no dejó morir un animal de esos chinos alguna vez? ¿Quién no tuvo algún carro, muñeca o implementos acuáticos “made in China”? ¿Quién no jugó un videojuego “made in China”? Es más, ¿Quién no vio caricaturas “made in China”? Entre otras cosas, ¿Alguien recuerda su niñez sin algún “made in China”?... ¡Difícil!

Aprendimos con una facilidad impresionante a hacernos a la idea que China era un empresario super poderoso, casi, casi, dueño del mundo, y eso que a nosotros solo nos mentaban a Estados Unidos como el papi de la humanidad. Cuando crecimos un poquito más nos enteramos que comían ratas y cosas de esas, ¿Quién no quedó en shock cuando se enteró que ellos comían perros? Y nosotros aquí creyendo que era “el mejor amigo del hombre”, pidiéndole a papi y mami que nos regalaran uno, y nosotros aquí dizque llevándolos al veterinario y comprándoles concentrado, qué tal, con razón somos tan malos negociantes si en vez de abrir un restaurante y vender “perro a la plancha” nos gastamos nuestros ahorros pagándoles tratamientos costosísimos.

Mantenemos aterrados con las prácticas culturales de ellos, hacemos ingentes esfuerzos para imaginarnos un afro con los ojos rasgados; tratamos de recrear en nuestra mente cómo serán esos barcos repletos de chinos trabajando en altamar, esos barcos que zarpan con un montón de chinos a bordo explotados laboralmente, sin contención alguna porque como trabajan en aguas internacionales, ¿quién los regula? Ahí si no hay Ministerio del Trabajo que valga, aunque en territorio Nacional tampoco vale tal institución, pero bueno, por lo menos hay un Código Laboral genial, aunque no se cumple de a mucho. En fin, hacemos de cuanta cosa para entenderlos y todavía creemos que si cavamos un hueco podemos ir a China sin VISA.

Y así, mantenemos en esas sin percatarnos siquiera que esos ojos rasgados se nos metieron al rancho, literal, pero eso nos pasa por confiados, deberíamos mirarlos con la misma desconfianza que ellos siempre nos miran (ver link). Pero no, nos engatusaron con su tamagotchi, nos mantuvieron ocupados llevando gatos, pollos, perros a estudiar, alimentándolos, poniéndolos a dormir y cuando vinimos a ver nos clonaron nuestro patrimonio nacional, ahora entiendo de dónde sacaron los deportistas olímpicos los “sombreros vueltiaos” que desfilaron en la apertura de los Olímpicos de Londres 2012, yo siempre dije que ese sombrero no lo hicieron en Tuchín, me dieron la razón.

Pero bueno, ni modo, figuró resignarse a que un extranjero se lleve un sombrero chino y lo exhiba ante sus amigos como el símbolo colombiano, ¿Qué tanto es? Nos pusieron a funcionar una “Reforma” Tributaria, nos dijeron que el TLC con la USA nos beneficia y que la incursión de las multinacionales en el Tayrona no afecta en absolutamente nada su ecosistema, ¿qué tanto es que los Chinos nos vendan nuestro propio patrimonio? ¡Ni que no estuviéramos acostumbrados!

Ahora, si vamos a pelear con los chinos yo creo que primero deberíamos mirarnos a nosotros mismos, es claro que ellos producen lo que les parezca, clonaron Apple, Microsoft, Samsumg, que no clonen a los Tuchinences. El problema no es que los chinos repliquen nuestro sombrero, el problema es que el Gobierno Colombiano no haga nada para impedir que ingresen al país y se comercialicen como si nada, pero si la idea es potencializar a nuestro país compitiendo “libremente”, ¡adelante compatriotas!, demostrémosle a Adam Smith, David Ricardo y su combo que su teoría, en este caso, no funciona. Ahora, una pregunta interesante que se le suma a todo esto es: ¿Quién o quiénes están detrás de la importación de los sombreros vueltiaos? Porque si de China alguien los manda, en Colombia alguien los recibe.

Nota destacada en http://soyperiodista.com/denuncias/nota-17932-patrimonio-vs-negocio-o-tuchin-vs-china

lunes, 24 de diciembre de 2012

Un motivo para sopesar la famosa Navidad

Me aterran los tumultos de gente, lo admito, soy casi una Grinch y para colmo de males nunca creí en Santa, creo que por eso la navidad y yo no tenemos muy buena amistad, sin embargo, cuando se trata de niños, pese a que no los soporto llorando, logro conmoverme de una manera que yo misma me extraño, ¿No es tierno? Ver un niño ilusionado, a la espera de Santa, queriendo tener una “Feliz Navidad”, pendiente de dulces y regalos, ¿Díganme si no es conmovedor? Y lo creo así porque, pese a que más de tres niños juntos son capaces de destruir el mundo, son también capaces de hacerme creer en una sonrisa, en una historia asombrosa, en sueños que para los adultos son absurdos, en imposibles y hasta en la Navidad, y eso es bastante ya.

Soy un bicho raro, lo sé, soy incapaz de profesarle amor a un ser humano y al único animal que he querido en la vida es a mi perrita, pero siempre he creído en el potencial de un niño, en sus sueños, sus proezas y su ingenio, soy incapaz de matarles una ilusión y si tengo que inventarme un mundo paralelo con tal de que ellos sigan creyendo en su mundo de fantasías, lo intento. Para mí la niñez es la etapa sagrada de la vida, no permito que le maten las ilusiones a un niño, que lo maltraten, y mucho menos, que los priven de soñar, ese es el peor de los pecados, para mí.

Admito que los miro rayado y soy traste para cargarlos, fácilmente puedo dejarlos caer o ahogarlos en una bañera si me mandan a bañarlos, pero son la razón de la vida, son esa cosa que me hace creer en un mundo mejor, en un mañana posible y que el futuro existe y no todo en el mundo está terminado, que hay un camino largo por andar y que cada paso que damos no debe ser en pro de avanzar por avanzar sino de dejar un ejemplo y procurar una niñez feliz, ¿Se imaginan un mundo lleno de adultos? ¡Qué desastre! Necesitamos ese polo a tierra que nos saque de la estupidez que caracteriza a los adultos y nos permita volar, ser libres, creer, por ello ahora defiendo slogans como “un motivo para alegrar la navidad” y cosas cursis de esas, de las que amigos míos se extrañan porque saben que esta época no es mi fuerte, es más, no gusto de Diciembre y si pudiera suprimirlo del calendario y del mundo lo haría, no lo he hecho porque, en primer lugar, pese a que no gusto de él, a mi me trae vacaciones todavía, y en segundo lugar, porque no tengo la facultad para suprimirlo, ¿Por qué más?

Alguna vez quise cambiar el mundo y mantenía frustrada, obvio, no puedo cambiar el mundo, pero alguien me dijo que no necesitaba hacerlo, que bastaba con que llegara a las personas, transmitiera un mensaje, dejara una huella, sembrara un sueño, y desde entonces lo intento y los niños son mi debilidad. El solo hecho de darles motivos para sonreír, alegrarse, esperar, el solo hecho de regalarles un rato grato y una luz al final del camino es suficiente para mí. Soy consciente de que no cambiará el mundo por ello, pero ver sonreír a un niño no tiene precio, por eso me uní a la Vaca Noel, porque es un pretexto para compartir con ellos, empaparme de toda esa energía y calidez. No hay nada que parta más el corazón que un niño te abrace y te diga “la voy a extrañar”, con esa humildad que los caracteriza, con esa sinceridad y nostalgia que irradian en sus ojos.

Y me partieron el corazón, un pedacito de él se quedó por allá, en ese inhóspito lugar donde cada tarde íbamos a hacer la famosa novena navideña, correr, asolearnos, sudar, gritar, comer dulces y reír. Pero me queda la satisfacción de haber compartido con ellos, de haberlos visto contentos cada día y de escucharlos decir: “¡Gracias por compartir con nosotros, me van a hacer falta!”, y desde entonces soy capaz de desear, desde lo más profundo y recóndito de mi ser, que tengan una feliz, feliz navidad, pese a que sigo sin creer en ella, solo creo en la felicidad. Es así como un niño, una niña, se convierten en el mejor pretexto para sopesar estas fechas navideñas.

Nota publicada en http://soyperiodista.com/entretenimiento/nota-17693-un-pretexto-sopesar-la-famosa-navidad

domingo, 25 de noviembre de 2012

“Nada está en discusión”, ¿Y entonces la paz?




Pensar en hacer la paz sin pretender hacer cambios de fondo es quizás lo más utópico que he escuchado en mi vida, ¿De qué manera se van a modificar asuntos internos si nada está en discusión? “No está en discusión el modelo económico”, “no está en discusión las bases del Estado”, “no está en discusión el modelo de desarrollo”, son algunas de las cosas que se emiten desde el Gobierno Central a la hora de referirse a  temas de los diálogos de paz. Eso es casi como decir “no está en discusión los altos niveles de corrupción, de pobreza, de violación de los Derechos Humanos”, mejor dicho, no está en discusión nada. Y la pregunta es, si estamos caminando por senderos estrechos y fracasados en antaño, ¿A dónde vamos a llegar? ¿Qué clase de diálogos se están haciendo? Mejor aún, ¿Sobre qué hablan?

Si supuestamente están en la Habana (no propiamente de vacaciones) fijando ciertas situaciones y condiciones, cumpliendo protocolos, ¿Qué acaso no hay que replantear ciertas cosas? Y al decir ciertas cosas no son cualquier cosa, estamos hablando de las condiciones de vida de un país que, bajo un modelo económico, político y social como el que tiene actualmente, ha fracasado en muchas áreas, entonces, ¿Por qué es tan descabellado discutir unos modelos que no han solucionado problemáticas tan sensibles como la pobreza o la violencia? No para crear un socialismo, un comunismo, una monarquía, ¡No! Es simplemente para replantear condiciones del mismo modelo en el que estamos inmersos.

Y si no está en discusión nada, ¿Qué hacen en la Habana? ¿De qué estarán hablando? Y eso depende, pues, posiblemente antes del 19 de Noviembre pasado hablaban de los amigos de infancia, el arroz con pollo que hacía la mamá, los regalos de navidad de las tías solteronas, los campeonatos de “boliche” que se daban en el barrio cuando eran niños, el pánico al dentista y las inyecciones, esas cosas, porque después del 19 ya hablarán de lo que pasó con la Haya, el mar que se perdió, lo lamentable que es no haber pagado un paquete a San Andrés antes y disfrutar de esa porción marítima, ahora discuten sobre la posibilidad de reunir las esferas del dragón para devolver el tiempo y así enmendar lo que sea necesario para no haber perdido, ni siquiera, Panamá. Pero bueno, en los lapsus de seriedad, cuando caen en la cuenta de que se están gastando la platica de nuestros impuestos, empiezan los reclamos. Arranca Iván Márquez a reclamar las tierras de sus tatarabuelos y las gallinitas de la tía abuela que le robó el Ejército en la época de la violencia[1] y se va lanza en ristre el Gobierno reclamándole a las FARC que ellos violan el derecho laboral al no tener afiliado a sus hombres a la seguridad social, al régimen pensional, o a una ARP, tan riesgosa que es esa actividad y ni siquiera a una ARP, ¡Tenaz!

Y así, me imagino que esas son las discusiones de fondo que mantienen porque si nada está en discusión sobre algo tienen que hablar, me imagino, por algo se llama “diálogos de paz”, ya lo otro sería mirar qué cosa entienden por paz porque a mí siempre me asalta la duda de si realmente silenciando fusiles tendremos paz, y lo digo porque, a mi modo de ver, aquí el problema no es de la entrega de fusiles, de la desmovilización de un montón de “peludos” que están en el monte empuñando un fusil, aquí la cuestión es mucho más delicada, desde la falta de oportunidades y la carencia de educación, desde las profundas inequidades y la falta de justicia, desde la corrupción.

Seamos realistas, este país necesita cambios profundos, desde tocar el mismo sistema y los utópicos discursos que contiene la Constitución, aquí el problema no es de leyes, nunca lo ha sido, aquí el problema es de realidad, de sociedad, de reconocimiento, de justicia. No podremos hablar nunca de paz en un país que tiene más de la mitad de su población en condiciones de miseria, no podremos hablar de paz cuando las multinacionales se adueñan de nuestro territorio, aquí no se podrá hablar de paz nunca mientras no haya educación, mientras la impunidad sea superior al 95%, mientras los campesinos sean desplazados de sus tierras, mientras los niños tengan que dejar la escuela e ir a trabajar, mientras las mujeres tengan que prostituirse para asegurar su sustento, mientras la tercera edad tenga que morir a la espera de un tratamiento médico, mientras una pequeñísima porción de la sociedad se lleve más del 60% de la riqueza. Aquí la sociedad civil tiene que entender que el discurso no se reduce solamente a la desmovilización y esas cosas porque la historia de este país ha demostrado que se desmovilizan por un lado y por el otro los brotes de violencia continúan, e incluso, aumentan, se degenera el conflicto en una cosa amorfa, con la gravedad de que ahora no tenemos ni idea quienes son los del otro lado y nos toca meterlos a todos bajo un nombre que en últimas nada dice: Bacrim (Bandas Criminales), aceptando, de entrada, que se nos salió de las manos la situación.

El problema de todo esto se basa en la incomprensión de nosotros mismos sobre todo el proceso que ha traído al país hasta aquí, se nos dificulta desentrañar todo el trasfondo social, político y económico que esconden décadas de guerra arropadas bajo el manto de una amenaza terrorista que se posa ante nosotros como un fenómeno no más, no como un proceso. Quizás la problemática más grande es que en este país se ha desligado la guerra de su significación histórica, por muchos asuntos, es más, nadie comprende por qué hay que sentarse a una mesa con los insurgentes en vez de eliminarlos militarmente. Pero nadie se pregunta cómo se alimentan las filas de estos grupos guerrilleros, nadie se pregunta qué hace que estén vivas, nadie se cuestiona sobre los orígenes y las causas patrióticas por las que lucharon en principio, haciendo la salvedad de la época actual, situación que se ha desdibujado a tal punto que ya nadie comprende la ideología de un grupo como las FARC, ni siquiera yo sé diferenciarlas de la delincuencia común, es un tema complejo, pero bueno, ahí vamos, tratando de darle nombre a este nacionalismo quebradizo bajo la defensa de un territorio escurridizo y disperso.

Pero huimos, en todo momento nos rehusamos a asumir nuestras responsabilidades, a darle la cara a un problema que, por simplismo, le dimos el nombre de “amenaza terrorista”. Y legitimamos nuestro rechazo a la paz cuando consentimos que se diga, en nuestro nombre, que aquí nada está en discusión, y yo me pregunto, ¿Qué clase de paz están negociando entonces? ¿A cuenta de qué entonces se supone que una organización tan antigua, recorrida y retrechera va a “integrarse a la vida civil”? ¿Qué acaso se nos olvidó el episodio de la Unión Patriótica? ¿Seremos tan cínicos como para exigirles a estos señores que se desmovilicen y punto? Guardando las proporciones, obviamente, tampoco se trata de ceder a todas las pretensiones de ellos, pero ahí sí, como la película, “alguien tiene que ceder”, y en este caso, “ambos tiene que ceder”.

On twitter: @MaJiPaBe



[1] Nuestra hipocresía es tal que después de semejante guerra civil todavía escondemos semejante episodio bajo una escueta “violencia”.

martes, 4 de septiembre de 2012

De JuanMa a Timochenko, al Rey del Twitter y a la paz


"En un mundo desencantado, el único camino que queda por recorrer es el de volverlo a seducir", José Cuesta Novoa.

Siempre me he preguntado si este asunto de los brujos, adivinos, chamanes, ¿Qué no son la misma cosa?, sirven para algo. Nunca he acudido a ellos porque les tengo recelo, cómo así que la mitad de los trabajadores informales en el centro de Medellín trabajan para esta gente, y hay que ver todo lo que prometen: recuperar el amor de su vida, componer sus finanzas, encontrar empleo, salud… En fin, con todo lo que prometen, si es verdad que lo pueden hacer, láncense a la Presidencia, ahí serían más efectivos. Pero bueno, iba a decir que no creo en esas historias, solo cuando las escucho, pero me crean la duda, a veces, cuando atinan (compréndanme, crecí escuchando las historias de finca de las brujas que se convierten en animales, que chiflan a media noche, que te convierten en sapo). Por ejemplo, para las elecciones Presidenciales de 2002 salió un señor de estos a decir que ni Sanín ni Serpa serían Presidentes después de que estos fueran los más opcionados, todos se sorprendieron, obvio, si no eran ellos… ¿Entonces quién? Esa fue la parte donde apareció quien sería “el mejor Presidente de la historia de Colombia” (vaya historia) y ganó. Al respecto, me queda la duda si ese señor que se la tiraba de brujo era paramilitar, o algo así, no porque “el mejor Presidente de la historia de nuestro país” tenga relación con esos “bandidos” sino porque como ellos todo lo saben, digo.

Pero bueno, yo iba a hablar de otra cosa. No recuerdo muy bien cuando fue pero en una de esas mágicas sesiones, donde nuestro país, ansioso por conocer su futuro y, paradójicamente, apático por su pasado, le preguntó a un señor de estos cuándo acabarían las FARC y el sujeto responde: “en el 2013 se acabarán las FARC”, eso fue antes del chisme de los Mayas, se imaginan mi confusión… ¿A quién le creo? En fin, suponiendo que a los Mayas los exterminaron y no los dejaron terminar su calendario (supongamos, es algo remoto, nada real), tendría motivos para creer que en el 2013 seguiremos vivos (aunque este mundo anda tan raro últimamente... Eso tiembla en todas partes), por ende, es factible decir que habrá actividad humana relacionada con el fin de las FARC para entonces, la pregunta es, ¿Se acabarán las FARC? Y es pertinente la pregunta después de revisar los intentos fallidos de “paz”, después de entusiasmar al país con este asunto de los diálogos y fracasar sin encontrar culpables, pero bueno, como estamos en Macondo, este país da pa’ todo, literal, tanto así que les prometen paz a costa de las FARC, vaya chiste, pero bueno, el paseo apenas está arrancando así que me lo voy a disfrutar, no empezaré a quejarme, seré una colombiana de bien, de esas que hinchan el pecho cuando escuchan el himno, de esas que abusan de las amígdalas cuando Juanes habla de “la Tierra” y se vuelan de clase para ver competir a Mariana Pajón, seré de ese tipo de colombianos en estos días, lo prometo.

Sin embargo, no por tirarme el paseo, si hacemos memoria, bueno, no se esfuercen mucho, este país ha pasado por los diálogos de los intentos fallidos y aquí seguimos derramando tinta sobre esta cosa amorfa llamada Colombia y sobre esa vaina rara llamada guerra. Y si rememoramos, ¿Cuántas oportunidades de pactar la paz con las FARC hemos tenido?, les recuerdo solo el episodio del Caguán, el de la Uribe y la Constituyente, aunque esta vez es diferente, no despejaron medio país sino que están probando la modalidad del paseo de olla a Oslo y la Habana, sin embargo, no debemos olvidar esos intentos fallidos de diálogos que en otrora fracasaron. Así, cuando revisamos qué pasó, podemos hacer el papel de los irresponsables que escriben la historia y señalan como únicos culpables a los guerrilleros, o podemos ser decentes como Laura Restrepo y reconocer que no tuvimos los pantalones para defender la paz en su momento y que, por tanto, también es culpa nuestra. Por eso, esta vez defiendo las palabras de Timochenko cuando invita al pueblo colombiano entero a defender este proceso. Esperemos que esta vez Enrique Santos no publique una colección de artículos deprimentes titulados “la guerra por la paz” donde dé cuenta de otro proceso de paz fracasado, esperemos que esta vez escriba cosas como “mi hermanito lo logró”, retando al Rey del Twitter a contestarle cosas como “su hermano es un hampón”.

Pero bueno, a JuanMa le dan igual estas palabras, a fin de cuentas él se está jugando su vida, pues, desde que pisó la alcoba principal de la Casa de Nariño supe que buscaba, no solo el lugar de la Presidencia en la historia, sino, en vez de ello, un lugar destacado en la historia, no como su predecesor que parece condenado a quedar al lado de cuanto hampón, paramiltar y delincuente con corbata hay. Desde que escogió a Chávez como su mejor amiguito supe que tramaba algo, ahora sé que es capaz de empeñarle su alma al diablo con tal de marcar la historia. Pero tranquilo JuanMa, ya usted se ganó un lugar excepcional en la historia, qué más quiere, es el primer Presidente "gago" del País y el primero que devuelve una Reforma Constitucional hecha por haraganes para haraganes.

Sin embargo, detrás de tantas flores y optimismo (obvio, yo siempre me tiro los paseos) dejemos algo en claro, las FARC pueden acabarse, bienvenidos sean, pero ¿la paz? ¿Alguien cree que alcanzaremos la paz si las FARC entregan las armas? Esa pregunta no la contesten, algún día “la urna virtual” sabrá hacer su sabia consulta (si es que ya no la hizo), entonces contesten allá, aquí no, no estoy de humor para escuchar un “sí, claro, obvio”, y tampoco creo que se acabe el hambre, la pobreza, la falta de educación ni que aumenten los niveles de vida y empleo porque se acaben las FARC, es más, ¡tendríamos más desempleados! Imáginense a todos los desmovilizados buscando empleo, bueno, mejor no se los imaginen. La cuestión es que aquí la guerra no se acaba con las FARC, mientras exista corrupción,  hambre, desigualdad extrema y uno que otro hampón de lo que está lleno el Congreso, por ejemplo, la guerra será una constante. No habrá paz mientras nuestros campesinos no vuelvan a sus tierras, mientras nuestros niños no vayan a la escuela, mientras nuestra juventud no tenga oportunidades, mientras las Multinacionales se consuman nuestros indígenas y se lleven nuestra riqueza. Ahí sí como dijo Clara López, mientras haya coca hay guerra. Pero bueno, lo destacable de todo esto es que “el mejor Presidente de la historia del país” ya no tendrá un grupo armado para señalar a los sindicalistas, a los estudiantes, a la oposición y, en general, a la gente digna y de bien que no piensa como él.

Finalmente, para decir algo que no pensé que diría, apoyo al Señor Presidente en su empresa, aunque guardo muchos recelos debajo de la almohada, pero eso dejémoslo para cuando las cosas marchen mal, por ahora no dañemos la fiesta y celebremos que, después de mucho andar, volvimos al discurso desgastado de la paz, esperemos que esta vez sí se pueda, de lo contrario habrá que escribir montones de libros, artículos académicos y columnas de opinión, es más, habrá que crear futuros semilleros de investigación que den cuenta del fracaso de este proceso de paz, aunque si se logra, habrá que dedicar más de un semillero, un libro y un artículo a descifrar el fondo del proceso para entender cómo la guerrilla más antigua de América Latina depuso las armas ante el sucesor del “mejor Presidente de la historia de Colombia”, el Rey del Twitter. Por ahora, saquemos nuestra mejor cara de optimistas, como en el pasado lo hicieron nuestros padres y abuelos, hagamos el papel de siempre, de colombianos con fe, y los invito a ello aprovechando que esta vez el circo se ve bien montado, por lo menos esta vez involucraron en el diálogo a los Militares, eso los mantendrá ocupados mirando a ver qué dicen y no hacia dónde disparan, como en antaño, además, no se dio el tropel del despeje, del cese al fuego, de leyes de amnistía, esta vez las cosas van un poco más civilizadas, por lo menos todo el Gobierno le apunta a lo mismo. Yo, en particular, las veo bien, esperemos a ver qué nos depara el destino, en estos casos la historia tiene la última palabra.

domingo, 6 de mayo de 2012

Había una vez una Cumbre...



En días previos a la celebración del hilarante suceso que tuvo lugar en Cartagena, ¿Qué es lo que era? Ah sí, dizque la VI Cumbre de las Américas, se supo que habían recogido a los indigentes, a los perros callejeros y que habían restringido la presencia de prostitutas y vendedores ambulantes en algunas zonas de la ciudad (Ver link). Mi preocupación, de entrada, fue si todo esto volvería a aparecer, a propósito, ¿Aparecieron los perritos y los indigentes? Alguien que me informe por favor, lo otro no lo pregunto porque es más que obvio, claro que aparecieron las prostitutas, ya son hasta el símbolo nacional. Ah bueno, perdón, no son prostitutas, son “damas de compañía”, como ellas se hacen llamar. En español: dícese de un tipo de prostitución más exclusivo y más costoso, pero prostitución al fin y al cabo, de todas formas yo sigo entendiendo por prostitución lo mismo que entiende la RAE: "actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero", ¿Qué eran 800 dólares?

La payasada ésta, que por cierto nos costó 62000 millones de pesos, tuvo lugar el pasado mes de Abril y buscaba, entre muchas cosas, darle un lugar al país, mostrándose al mundo a través de “magno” evento. Todo el escándalo que suscitó giró en torno al debate de las drogas, con lo que JuanMa buscaba un protagonismo inusitado y, como siempre, se quedó con los crespos hechos. Al final, como buen descendiente de Pilatos que debe ser, dijo que el debate de las drogas lo había magnificado los medios de comunicación, que en ningún momento él lo puso como tema central. Distinto hubiese sido que le prosperara su asunto, ahí sí no hubiese mentado a los medios de comunicación y se hubiese dedicado a recorrer el mundo diciendo que él, y nadie más, fue el promotor e impulsor de dicha propuesta.

Pero bueno, al parecer nada les salió bien. Por un lado quisieron esconder los gamines en la amurallada y resulta que llegaron unos más gamines que los que acostumbramos a ver, solo que éstos hablaban en inglés y prometían cosas que no iban a cumplir. Eran una especie de híbrido entre gamines y politiqueros colombianos, con la pequeña diferencia de que eran estadounidenses. Al parecer, estos señores repitieron la historia del incidente de “la tajada de sandía”, parece que se les volvió costumbre y les quedó gustando después de habernos quitado Panamá, ¿Qué consecuencias podría tener esta vez?

Lo peor que nos puede pasar es que se dispare el turismo en Cartagena, no falta, quien quita que se vuelva un paraíso para la prostitución y así salgamos de pobres, ya Dania nos enseñó que es buen negocio, por lo menos ella no le come cuentos a asuntos de tabús y complejos, aunque en mi reducida cosmovisión de casi monja me parece un poco más liberal de lo normal, pero le respeto su concepción de mundo, es su vida a fin de cuentas, ella por lo menos es inteligente, aplica la lógica inversa a nosotros: explota a los gringos y les quita el trabajo (ya Playboy le anda haciendo ojitos).

Y quién lo diría, este episodio incómodo, escandaloso y demasiado carnal, terminó convirtiéndose en el escándalo más grande del servicio secreto de los Estados Unidos y en la novela más mala de toda nuestra historia (y eso que todas nuestras novelas son malas); estoy segura que de todo esto saldrá una película de Hollywood y una novela de Colombia, no lo dudo.

Pero bueno, el debate que se supone nos debe interesar a los colombianos es ¿Qué fue todo esto? ¿Qué nos dejó? Y bastaría mirar qué rayos fue eso. Para mí, la Cumbre nos dejó con un hueco de 62000 millones de pesos más los 800 dólares de Dania, una pequeña modificación al himno Nacional y con la misma ausencia de dignidad que siempre nos ha caracterizado. Pero no todo fue malo, logramos posicionar a una colombiana más a nivel internacional, estoy segura que se hará famosa desnudándose para revistas internacionales. En conclusión, lo único interesante de la Cumbre fue el escándalo de Dania y su amante bandido.